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Cuba es una sola, dentro y fuera de la islaMás que playas, sol y arena, las Cordilleras del Caribe te llaman

La negra tuvo tumbao

“Por si acaso no regreso me mataría el dolor
A esa tierra yo la adoro con todo el corazón”

Celia ha de regresar, pues los cubanos exiliados y los “buenos” cubanos en La Isla la llevamos en el corazón. Hasta pronto Lady Ce, nos vemos en La Habana.

Victor

La negra tuvo tumbao

Carlos Alberto Montaner
Firmas Press. Julio 19, 2003

Tuvo una voz rara, grave, de contralto, y una irresistible simpatía. A Silvio Rodríguez le escuché decir que era una voz típica de la tribu de los ibos de Nigeria. Cuando cantaba, el auditorio, inadvertidamente, comenzaba a mover el esqueleto. Era mucho más que una cantante: era la invitación al baile, a la alegría desinhibida, a la fiesta. Por eso, de alguna manera, los cubanos del exilio, sin decirlo, probablemente sin saberlo, le asignaron un curioso papel de seña nacional de identidad. Celia Cruz era Cuba, y viceversa, pero una Cuba libre. Si la idea platónica de Cuba es una risueña mezcla de ron, mulata, canto y danza, Celia era todo eso, y cuando gritaba “¡Azúcar!” realmente estaba gritando “¡Cuba!”.

Los exiliados, especialmente los que llevan muchas décadas en el exterior, con el paso del tiempo sienten que la memoria comienza a fallarles. Nunca he escuchado nada tan triste como un programa de micrófono abierto que transmitían por las madrugadas en Miami. Los viejos desterrados llamaban y contaban cómo eran sus pueblos, sus calles, sus fiestas. Era una forma de contar como eran ellos mismos en tiempos más dichosos. Luchaban contra la corrosión desalmada del olvido. Quería mantener viva una imagen que comenzaba a desdibujarse como se borran las viejas fotografía.

Es dentro de ese doloroso fenómeno donde una referencia espiritual como Celia Cruz adquiere un valor especial. Yo he visto en un concierto de Celia en Madrid, en un estadio abarrotado, a los españoles dando gritos de alegría, mientras unos viejos cubanos lloraban de emoción. Para los españoles, Celia era una música endiabladamente jubilosa que llegaba del Caribe a desentumecerlos. Para los cubanos, en cambio, era una secreta convocatoria al recuerdo del país que tuvieron, que tuvimos, y que nunca más volverá a existir, porque no es cierto que se regresa a la patria perdida. Nunca se vuelve a ningún sitio: se llega, si no se muere en el camino, a un lugar nuevo y diferente, siempre extraño y ajeno.

De esta simbiosis entre Celia y Cuba ni siquiera se escapan los jóvenes cubano americanos. Decenas, centenares de miles de cubanos han nacido en el exilio y no tienen más nostalgia por la nación perdida que la borrosa sensación, heredada de sus padres, de haber sido víctimas de una injusticia, pero cuando escuchan a Celia, o cuando bailan su música y canciones, súbitamente sienten una fuerte vinculación étnica: es la enérgica emoción de pertenecer a un linaje diferente al del país en que abrieron los ojos.

En una entrevista reciente, efectuada tras la complicada operación de un tumor cerebral que sufrió Celia, el periodista le preguntó que haría si sólo le quedara un minuto de vida. Celia, que no sabía mentir, le dijo, “iría a Cuba para cantarles a mis hermanos”. No pudo. No tuvo ese minuto de vida. Hacía cuarenta años que le faltaba el país que representó mejor que nadie. Y la verdad es que trató de volver a la Isla. Cuando su madre agonizaba pidió permiso para ir a darle un último beso, pero Castro, siempre implacable, se lo negó. Incluso hoy, la nota aparecida en Granma fue escrita con el venenoso rencor de quien no conoce la compasión. Da igual: decenas de miles de exiliados se preparan en Miami para acompañar su cadáver hasta la Ermita de la Caridad, patrona de Cuba. El último éxito musical de Celia, escrito especialmente para ella, se tituló “La negra tiene tumbao”, que es tanto como decir que Celia tenía una gracia infinita. Con su muerte todos los exiliados sentimos que el país también se nos ha muerto un poco.

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MIAMI SE RINDIO ANTE TI, CELIA QUERIDA

¡La Salsa perdió su azucar!
univision.com

La destacada artista, conocida como la "Reina de la Salsa", porque con su voz llevó la música de su natal Cuba a todos los rincones del planeta, falleció el pasado miércoles a la edad de 77 años en su apartamento de Fort Lee, Nueva Jersey, tras perder una larga batalla contra el cáncer.

Pero como tal y como ella lo había pedido en vida, sus restos fueron trasladados a Miami el viernes por la noche para que aquellos que disfrutaron de su talento pudieran despedirla por última vez.

Algunos esperaron desde el viernes por la noche y otros desde la madrugada del sábado para hacer la larga fila que se extendía unas 12 cuadras y que terminaba en la Torre de la Libertad, un emblemático edificio utilizado entre 1962 y 1974 para procesar la llegada de los refugiados cubanos que -al igual la propia Celia Cruz- salieron de la isla caribeña huyendo del régimen comunista de Fidel Castro.

En el interior del inmueble, donde descansaba el féretro de la cantante rodeado por más de 40 mil rosas, lirios, violetas y tulipanes, se escuchaba su alegre y contagiosa música que en ocasiones se mezclaba con los aplausos y el llanto de los que la despedían.

Una mezcla de tristeza y carnaval

En el velorio se respiraba un ambiente de luto, tristeza y respeto, pero a la vez de carnaval y regocijo. Un aire donde se podía palpar el cariño protagonizaba el lugar.

"Es cierto que tengo lágrimas en mis ojos... sí, estoy llorando. Pero también me siento alegre porque nuestra Celia está siendo recordada como ella quería, con mucha alegría y mucha gente", expresó Odilia Ramírez, de 84 años y quien había sido vecina de la cantante en la Calle Franco de La Habana.

El ataúd de la legendaria cantante estaba abierto y su tapa estaba cubierta por una bandera cubana. Adentro yacía el cuerpo de Celia Cruz con un elegante vestido largo color perla, el rostro levemente maquillado con los labios pintados de rojo y una peluca rubia dorada.

En sus manos entrelazadas tenía un rosario y una orquídea. También se podían ver sus tradicionales uñas largas y dos exóticos anillos, los que acostumbraba usar en el escenario.

"Quiero una funeraria bien grande"

Celia Cruz había manifestado su interés de ser velada "en una funeraria bien grande, para que mucha gente pudiera verla". Pero probablemente nunca imaginó que el edificio de su último adiós en Miami fuera decorado con una gigantesca bandera cubana que ocupaba ocho pisos de su fachada.

La multitud internacional, que portaban banderas de todos los países del continente, abarcaba varias generaciones. Desde bebés cargados por sus padres hasta ancianos que, bajo el ardiente sol, avanzaban en la fila, algunos hasta empujando un tanque de oxigeno.

"Disfruté mucho la música de Celia, tanto en Cuba como en el exilio... Estar aquí era lo menos que podía hacer", comentó Manuel Fundora, un anciano cubano con problemas respiratorios que esperaba en fila para visitar los restos de la artista.

Arropada con una bandera cubana y con lágrimas en sus ojos, Migdalia González lamentaba la muerte de la "Guarachera de Cuba": "Reventé de emoción cuando vi su cuerpo Nuestra Celia parece una muñeca dormida, tan linda y alegre como era siempre".

Esa era la impresión de la mayoría de los que le decían adiós por última vez, que si bien Celia Cruz estaba muerte, su voz y popularidad vivirán por siempre.

"Celia parece que está durmiendo, en medio de un sueño del que pronto despertará", comentó el nicaragüense Roberto Alberena Pérez, quien esperó dos horas para despedir los restos de la cantante.

Por su parte, el puertorriqueño Nelson Pagán se montó en su carro junto a Carmen y Joel Rivera, y manejó durante cinco horas desde Clearwater (en la costa oeste de la Florida) para venir a Miami y despedir a Celia Cruz.

"Valió la pena hacer el viaje... Celia tenía un pedacito de Puerto Rico en el corazón y siempre supo unir a nuestros países", manifestó Pagán.

Una multitud organizada

Las autoridades estiman que alrededor de 150 mil personas formaron parte del río humano que durante horas paralizó varias cuadras del centro de Miami. Aún, sin embargo, no se ha divulgado una cifra oficial de asistentes. Se calcula que unos 20 mil asistentes se irán a casa sin poder ver el féretro de Celia Cruz.

Pero a pesar de la gran multitud, ni la Policía de Miami ni la Policía de Miami-Dade -que asignaron agentes adicionales para mantener el orden- informaron de incidentes mayores.

Sólo se reportó el arresto temporal de una productora de televisión, que aparentemente bloqueó la salida de la Torre de la Libertad y supuestamente se negó a obedecer las instrucciones de la policía que le exigían moverse.

"Las personas que están aquí tienen un sólo propósito, despedir a nuestra querida Celia Cruz, y están manifestando un comportamiento formidable", dijo Nick Pimentel, portavoz de la Policía de Miami-Dade.

También el Departamento de Bomberos de Miami atendió a varias personas que se desmayaron mientras aguardaban en la fila. Pues la espera para ver los restos de Celia Cruz era de entre dos y cinco horas, bajo un sol incandescente, con temperaturas de alrededor de los 90 grados Fahrenheit (33 grados Centígrados).

Además de una leyenda musical, la "Reina de la Salsa" fue también un emblema del anticastrismo: Celia Cruz se convirtió en un símbolo para la comunidad del exilio cubano de Florida, que empezó a dejar Cuba en los años sesenta y que -como la propia artista- se enfrenta al probable destino de morir lejos de la isla.

La popular cantante dejó Cuba en 1960, un año después del triunfo de la Revolución, se exiló en Estados Unidos y nunca más regresó a la isla. Por eso su velorio tenía una especie de aire patriótico.

"Era una persona de una humildad inmensa... Su grandeza es imcomparable y con su muerte, se puede decir que muere un pedacito de Cuba", afirmó Israel Brey, un músico cubano exiliado en Miami y quien tuvo la oportunidad de conocer a la desaparecida artista.

La cubana Alicia Durán, quien tenía una camiseta con un retrato de Celia Cruz dijo: "A Celia Cruz la recordaremos por siempre, ella siempre ocupará un lugar importante en nuestros corazones".

Una hija de todo el continente

Pero no solo los cubanos se dieron cita en el centro de Miami para despedir a Celia Cruz. La colombiana Mayerna Alberia indicó que su "corazón está herido y triste" por la muerte de la conocida cantante. "Pero a la vez me siento alegre por que sé que Celia reinará hoy, mañana y siempre", agregó.

La también colombiana Adriana Rocha explicó: "Soy una ferviente seguidora de la música de Celia Cruz, aunque desafortunadamente nunca tuve la oportunidad de verla en un concierto en vivo... Por eso esta mañana salí de mi casa para por lo menos despedirla en su ataúd".

El ambiente de alegría y tristeza se percibía entre la multitud. Algunos cantaban sus canciones y mostraban fotografías y discos viejos de la fallecida artista.

Entre tanto, algunos vendedores ambulantes aprovechaban el calor y la inmensa cantidad de personas para vender refrescos y botellas de agua fría. También, otros comerciantes ofrecían flores y camisetas con fotos de Celia Cruz y mensajes alegóricos a la ocasión.

Expresiones como "¡Azúcar!", "Esa negra tiene tumbao' " y "la vida es un carnaval", se escuchaba con frecuencia de la boca de los que fueron el centro de Miami para decirle adiós por última vez a la Reina de la Salsa.

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Histórico Sepelio Recibe Celia Cruz, "La Reina de la Salsa"

CONTACTO Magazine el 22 de julio de 2003

Con los honores de una reina fue sepultada el 22 de julio, en Nueva York, la legendaria intérprete cubana Celia Cruz, quien falleció una semana antes en su residencia de Fort Lee, New Jersey, víctima del cáncer.

La prensa norteamericana ha destacado que el desbordamiento popular que provocó su sepelio, con misa previa en la catedral de San Patricio, podría superar eventos similares en cuanto a número de asistentes, por ejemplo, los servicios fúnebres de Judy Garland, Jacqueline Kennedy, Elvis Presley y John Lennon.

Se calcula que más de 130 mil personas se aglutinaron frente a la funeraria Frank R. Campbell, de Manhattan, y otras 70 mil se mantuvieron bajo la lluvia a lo largo de 30 cuadras de la Quinta Avenida de Nueva York, para ver pasar el cuerpo de Celia en una carroza fúnebre tirada por dos caballos blancos, hasta la catedral.

El gobernador neoyorquino, George Pataki, quien asistió a la misa y al sepelio, declaró el 22 de julio Día de Celia Cruz.

"Celia Cruz amaba Nueva York y Nueva York tendrá por siempre a la reina de la salsa en su corazón", indica la proclama emitida por el gobernador.

A la funeraria, a la misa en la catedral y al entierro en el cementerio Woodlawn, en el Bronx, asistieron no sólo el gobernador, sino también el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, la senadora y ex primera dama Hillary Clinton, el también senador Charles Schumer, el actor español Antonio Banderas y su esposa Melanie Griffith, los salseros Ruben Blades, Marc Anthony y Johnny Pacheco, entre otros, el saxofonista Paquito D'Rivera y muchas otras personalidades.

Banderas cubanas, dominicanas, puertorriqueñas, peruanas, colombianas, panameñas y de Estados Unidos, eran visibles en las manos de una emocionada multitud que despedía a la "Reina de la Salsa".

El pasado 19 de julio, Celia fue objeto de un homenaje similar en la Torre de la Libertad de Miami, a donde fue trasladado su cuerpo poco después de su muerte. En Miami se oficiaron dos misas, una en la tradicional Ermita de la Caridad del Cobre, y otra de carácter más oficial en la histórica iglesia católica de Gesu, de cuerpo presente. Esta última fue oficiada por el sacerdote católico Alberto Coutier, quien invitó a decir unas palabras al reverendo presbiteriano Martín Añorga.

También más de 100 mil personas pasaron frente al féretro de la estelar cantante en la Torre de la Libertad, mientras que unos 20 mil asistentes tuvieron que conformarse con escuchar la misa posterior, en las calles, a través de altoparlantes.

A la misa miamense asistieron los músicos cubanos Gloria y Emilio Estefan, Israel López (Cachao), Willy Chirino, el colombiano Carlos Vives, y el actor Andy García, entre muchos artistas, así como el alcalde del condado Miami-Dade, Alex Penelas, y el de la ciudad de Miami, Manny Díaz.

En México, Colombia, Perú y otros países se han hecho homenajes a la "Guarachera de Cuba", a través de programas especiales de televisión en los que se ha contado su historia y se han transmitido fragmentos de entrevistas y actuaciones, que se produjeron a lo largo de sus 53 años de carrera artística, desde sus inicios en Cuba, en 1950, con la inolvidable orquesta "La Sonora Matancera".

En Estados Unidos, principalmente la televisión hispana, estuvo casi una semana dedicando programas especiales sobre la vida y la obra de Celia Cruz, quien además fue una extraordinaria activista en la lucha contra el cáncer, a través de una fundación que lleva su nombre.

Celia murió el 16 de julio afectada por el cáncer. Según sus allegados tenía 79 años de edad.

Abandonó Cuba en 1960 creyendo que pronto podría regresar. Nunca regresó. En 1962 murió su madre en La Habana, pero las autoridades cubanas le negaron permiso para asistir al funeral. Sus discos están prohibidos en Cuba, por lo que las jóvenes generaciones sólo la conocen por videos y discos que llevan a la isla sus familiares y turistas. Todos los medios de comunicación social cubanos son propiedad del Estado comunista.

En su larga carrera, Celia Cruz ganó cinco premios Grammy, dos Grammys Latinos, grabó 78 discos y participó en unas 10 pelíiculas. Por su trayectoria artística recibió doctorados honoris causa de las universidades de Yale, Internacional de la Florida y de Miami. También recibió la Medalla al Mérito Artístico que concede el presidente de Estados Unidos, que en este caso le fue concedida por el entonces mandatario norteamericano Bill Clinton.

Hizo giras memorables por toda Europa, Asia y América Latina, donde era particularmente popular.

Descanse en paz "La Reina de la Salsa", "La Guarachera del Mundo".

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Excellente artículo sobre Celia de Zoé Valdés. No hay duda que Zoé es una escritora de primera.

Victor

Ceiba Cruz

Zoé Valdés. El Nuevo Herald, julio 20, 2003.

París -- La fruición de bailar al ritmo de su tronco de voz jamás podrá ser comparada con ningún otro placer. Un timbre bruñido al azúcar. La sangre se nos vuelve miel cuando ella entona los amaneceres, porque ella es el símbolo más poderoso de nuestra nación, una mezcla exuberante de la Ma Teodora con La Tula, Gertrudis Gómez de Avellaneda. Ella crecía como un helecho en la garganta de mi madre medio desnuda, cubierta sólo con un bobito anaranjado, que me sacaba de la cama en blúmer, yo tenía apenas seis años, y era más flaca que un güin: -''Niña, no seas tiesa, aprende a bailar, que bailar es más que una carrera universitaria en este país...'' Y entonces me escarranchaba a su cintura y simulaba que marcaba un danzón, o un son, o una guaracha: -"Mamaíta tiene la manía... de espantarme novios sin parar''...

Entonces el caracol segregaba una mancha achampanada en el espejo, y mamá mordía mi orejita tibia, me hacía cosquillas, yo reía tirándome hacia atrás, descoyuntada, similar a un títere. Ella me miraba fijo, a los ojos, con sus pupilas color café: -"Cuba tuvo un rey, era mulato, le decían el Bárbaro del ritmo, y se llamaba Beny Moré, y Cuba tiene una reina en el exilio, es una negra sabrosona, y se llama Celia Cruz... Ay, lo que daría yo por volver a oír a Celia Cruz''... Y el espejo chispeaba, un hilillo de aguardiente dibujaba riachuelos, y la ausencia manaba desde la memoria a la mentira, en una espiral de cañaverales.

Yo propongo que todas las ceibas cubanas se llamen desde ahora Celia Cruz. Porque Celia Cruz tuvo y tiene el poder de las ceibas, flota en la alegría del cielo, y se hunde en la cintura de su cimbreante Malecón, viaja de una punta a otra del planeta, telúrica y piropeadora. Revoloteando con su señorío y poderío, alma y cuerpo fundidos en la garganta del girasol. Celia es la ceiba con un sijú platanero adormecido en la copa, tumultuosa la ciguaraya en donde se acurrucan los pensamientos como colibríes. Dilatada en la pausa, leyenda de un alarido almibarado, estilo en un requiebro lujoso.

Ella, con sus brazos ondulantes, ramas bulliciosas, y aquellos taconzones que tamborileaban en el escenario como en un gigantesco tambor batá, embriagaba, arrebataba y sazonaba, con su meneo de meteorito, tal parecería que estuviera restregando ropa blanca en la batea de una azotea de La Habana Vieja, y así sedujo y seguirá seduciendo al mundo, con su dignidad de patriota sandunguera y de paloma guarapachosa. Porque Celia no sólo es la ceiba vestida de blanco; y si el espíritu santo encarnara en mujer, lo haría en la Guarachera de Cuba.

Su prestancia luminosa encandilaba al público, brillaba de la cabeza a los pies, palleteándonos la vida de puntitos ígneos, de lunas y flores que le enviaba Lola, la gitana, desde un giro incesante, yo apuntaría desde el ojo del ciclón, y ella estiraba la bemba colorá, y les lanzaba besitos como cucuruchitos de maní. Porque era dueña del viento y rizaba al rayo y jorobaba al trueno, y se deslizaba por el tobogán de los cantos de ida y vuelta, flamenqueando un bembé.

La Reina de la Salsa edificó un templo en el alma cubana y para conseguirlo batió el guarapo jaracandoso de su genio con el frenesí del instante. Sabidichosa y deseosa, dio rienda suelta a su élan vital, en un castañeteo pachanguero de poesía y dulzura. No lo duden, aderezada con canisteles y nísperos comparsea diluida en nuestras lágrimas. Cosquilleándonos el llanto que derramamos por ella, insistiendo en que cantemos en vez de lamentar su pérdida. Nunca pararé de cantar a Celia Cruz, como mi madre nunca dejó de cantar al Beny. Esto no es una despedida. Se trata, exclusivamente, tú lo sabes, mi amada Ceiba Cruz, de un fulminante cambio de escenario.

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La cruz de Celia

Por ALEJANDRO ARMENGOL, Miami
Encuentro en la Red, 21 de julio de 2003

Affair in Havana es una película que no tiene que ver nada con la canción Havana Affair, donde los Ramones se burlan de la CIA, porque fue realizada en 1957 por un director de oficio como fue Lázló Benedek y sus actores principales son John Cassavetes y Raymond Burr. Sucede que el tema de la cinta es que un autor musical se enamora de la esposa de un inválido y sucede también que se desarrolla en La Habana y que en ella canta Celia Cruz.

Celia ya había participado en el cine antes —Una Gallega en La Habana es de 1955—, pero tuvo que esperar hasta The Mambo Kings, de 1992, para que la dejaran hablar en una película. Sucede también que su medio natural, que era el cine cubano, le estuvo vedado porque fue una exiliada. Así que cuando finalmente Celia pudo hablar en el cine tuvo que hacerlo en inglés, un idioma que siempre le fue ajeno.

Celia habló en la pantalla norteamericana, por primera vez, en un idioma extraño para ella. En este hecho simple se resume una historia de pesar y logros. Si alguien se atrevió a dejarla actuar, no lo hizo pensando en sus cualidades interpretativas —cualidades que por otra parte demostró, tanto en el cine como en la televisión, con su naturalidad y carácter histriónico—; sino porque era lo suficientemente famosa, y lo suficiente buena como artista, para contar con que el público le perdonaría el acento y cualquier torpeza. Pero podría parecer más extraño aún encontrar su presencia en los lugares más disímiles: en el concierto de Pavarotti y sus amigos en favor de Afganistán, en un programa especial de la serie infantil Sesame Street o en La venganza de la momia, una película de 1974. Por su parte, ella volvió al cine estadounidense en The Pérez Family, de 1993, y además trabajó en novelas e infinidad de programas de la televisión hispana.

Es imposible encasillar a Celia más allá de decir que fue una gran cantante de música popular. Las etiquetas de "guarachera"y "reina de la salsa" no la definen por completo, porque nunca se negó a otros ritmos y otros ámbitos y al mismo tiempo siguió siendo siempre la misma. Su muerte es un duro golpe para el exilio cubano, ya que representó mejor que nadie lo mejor de ese exilio. Fue intransigente en su esencia más pura, pero al mismo tiempo no fue extremista e intolerante y vivió fuera de su país sin intentar el crossover, aunque manteniéndose al mismo tiempo abierta a los cambios musicales con una frescura y un entusiasmo que impidieron definirla como una voz que recordaba la Cuba de ayer, porque lo único que se podía decir de ella sin temor a traicionarla es que era una refugiada cubana cantando por el mundo.

Esa presencia y actualidad de Celia debe disgustar mucho al régimen de Castro. No se lo perdonan ni aún muerta. La nota publicada en la sección Cultura del periódico Granma no puede ser más mezquina: dos párrafos. En uno se destaca su importancia artística. En otro su labor "contrarrevolucionaria". Como suele ocurrir, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba desperdicia palabras. Debían haber escrito: "Murió Celia Cruz. Era una gran artista, pero no era de los nuestros". Es el mismo empeño de siempre: usurpar la nación a través del Estado. Celia trasciende las fronteras políticas porque es una gloria para Cuba, para el país, no para gobierno alguno. Lo demás es entereza moral: que se avergüence Granma. La nota es mezquina, además, porque limita el papel de la artista a los Estados Unidos. Dice el periódico: "popularizó la música de nuestro país en Estados Unidos", y por vileza o ignorancia —o ambas— omite el éxito de la cantante en países tan distantes como Finlandia, Argentina, Japón y España.

¿Por qué ese empecinamiento con Celia? No es sólo porque fue un "icono" del "enclave contrarrevolucionario del Sur de la Florida". Hay más. Representó al exilio, a la Cuba de los años 50, pero ella misma superó esa imagen. Celia en realidad es un ejemplo de la otra Cuba, o mejor dicho: un ejemplo de la Cuba verdadera, no sólo de la Cuba posible. Durante muchos años su nombre fue borrado del panorama musical reconocido por el gobierno de la Isla, y trataron de catalogarla como una figura del pasado, del país desaparecido tras el primero de enero de 1959. Celia, sin embargo, no se anquilosó en la guaracha prerrevolucionaria, y saltó a la salsa y a cuanto ritmo surgió posteriormente y extendió su repertorio para incluir piezas latinoamericanas. Resultó el paradigma de las posibilidades de una música popular cubana que no tenía que aferrarse a glorias pasadas. Su muerte, a pocos días de diferencia de la de Compay Segundo, sirve para establecer un contraste que va más allá de las fronteras musicales.

No se trata de comparar artistas, aunque en justicia Celia supera al músico santiaguero en versatilidad, potencia y registros de voz y repertorio. Lo curioso —por no decir patético— es que Compay Segundo alcanzara la fama mundial casi a las puertas de la muerte, luego de vivir olvidado por muchos años, de haber abandonado su carrera musical por el oficio de tabaquero y de malgastar su talento tocando en recepciones protocolares donde nadie le prestaba atención. Su resurrección, que en nada resta valor a sus méritos interpretativos, fue un fenómeno tanto sociológico y político como musical: una vuelta al pasado. Al país que había olvidado a sus intérpretes de antaño —pese a la propaganda oficial en sentido contrario— llega un extranjero capaz de convertir a unas pocas empolvadas piezas de museo en máquinas de hacer dinero. El resto guarda más relación con el mito que con la calidad artística: el triunfo tras largos años de olvido, el camino de la pobreza a la fama, el renacer cuando todo parecía perdido.

La carrera de Celia fue todo lo contrario. No se limitó a ser una figura local. No se encerró en un restaurante o establecimiento de La Pequeña Habana para cantar nostalgias a exiliados añorando la patria. Ni siquiera vivía en Miami. Era negra y no hablaba inglés, y llegó a Estados Unidos y no optó por el camino más fácil que era quedarse en esta ciudad para vivir del recuerdo. Celia será siempre la imagen del exilio, pero de un exilio que mira hacia el futuro. Su verdadera grandeza no fue, sin embargo, triunfar. Su verdadera grandeza fue no olvidar: fue querer regresar a Cuba, pese a ser más famosa en el extranjero de lo que nunca hubiera sido sin tener que abandonar su país. Esa fue su cruz. ¿Debo decir también que su gloria?

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cita:Originalmente enviado por Victor White

“Por si acaso no regreso me mataría el dolor
A esa tierra yo la adoro con todo el corazón”

Celia ha de regresar, pues los cubanos exiliados y los “buenos” cubanos en La Isla la llevamos en el corazón. Hasta pronto Lady Ce, nos vemos en La Habana.

Victor

La negra tuvo tumbaoVIVA CELIA CRUZ

Carlos Alberto Montaner
Firmas Press. Julio 19, 2003

Tuvo una voz rara, grave, de contralto, y una irresistible simpatía. A Silvio Rodríguez le escuché decir que era una voz típica de la tribu de los ibos de Nigeria. Cuando cantaba, el auditorio, inadvertidamente, comenzaba a mover el esqueleto. Era mucho más que una cantante: era la invitación al baile, a la alegría desinhibida, a la fiesta. Por eso, de alguna manera, los cubanos del exilio, sin decirlo, probablemente sin saberlo, le asignaron un curioso papel de seña nacional de identidad. Celia Cruz era Cuba, y viceversa, pero una Cuba libre. Si la idea platónica de Cuba es una risueña mezcla de ron, mulata, canto y danza, Celia era todo eso, y cuando gritaba “¡Azúcar!” realmente estaba gritando “¡Cuba!”.

Los exiliados, especialmente los que llevan muchas décadas en el exterior, con el paso del tiempo sienten que la memoria comienza a fallarles. Nunca he escuchado nada tan triste como un programa de micrófono abierto que transmitían por las madrugadas en Miami. Los viejos desterrados llamaban y contaban cómo eran sus pueblos, sus calles, sus fiestas. Era una forma de contar como eran ellos mismos en tiempos más dichosos. Luchaban contra la corrosión desalmada del olvido. Quería mantener viva una imagen que comenzaba a desdibujarse como se borran las viejas fotografía.

Es dentro de ese doloroso fenómeno donde una referencia espiritual como Celia Cruz adquiere un valor especial. Yo he visto en un concierto de Celia en Madrid, en un estadio abarrotado, a los españoles dando gritos de alegría, mientras unos viejos cubanos lloraban de emoción. Para los españoles, Celia era una música endiabladamente jubilosa que llegaba del Caribe a desentumecerlos. Para los cubanos, en cambio, era una secreta convocatoria al recuerdo del país que tuvieron, que tuvimos, y que nunca más volverá a existir, porque no es cierto que se regresa a la patria perdida. Nunca se vuelve a ningún sitio: se llega, si no se muere en el camino, a un lugar nuevo y diferente, siempre extraño y ajeno.

De esta simbiosis entre Celia y Cuba ni siquiera se escapan los jóvenes cubano americanos. Decenas, centenares de miles de cubanos han nacido en el exilio y no tienen más nostalgia por la nación perdida que la borrosa sensación, heredada de sus padres, de haber sido víctimas de una injusticia, pero cuando escuchan a Celia, o cuando bailan su música y canciones, súbitamente sienten una fuerte vinculación étnica: es la enérgica emoción de pertenecer a un linaje diferente al del país en que abrieron los ojos.

En una entrevista reciente, efectuada tras la complicada operación de un tumor cerebral que sufrió Celia, el periodista le preguntó que haría si sólo le quedara un minuto de vida. Celia, que no sabía mentir, le dijo, “iría a Cuba para cantarles a mis hermanos”. No pudo. No tuvo ese minuto de vida. Hacía cuarenta años que le faltaba el país que representó mejor que nadie. Y la verdad es que trató de volver a la Isla. Cuando su madre agonizaba pidió permiso para ir a darle un último beso, pero Castro, siempre implacable, se lo negó. Incluso hoy, la nota aparecida en Granma fue escrita con el venenoso rencor de quien no conoce la compasión. Da igual: decenas de miles de exiliados se preparan en Miami para acompañar su cadáver hasta la Ermita de la Caridad, patrona de Cuba. El último éxito musical de Celia, escrito especialmente para ella, se tituló “La negra tiene tumbao”, que es tanto como decir que Celia tenía una gracia infinita. Con su muerte todos los exiliados sentimos que el país también se nos ha muerto un poco.

jorge

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Cimarrones del socialismo

Por NéSTOR DíAZ DE VILLEGAS, Los Ángeles
Encuentro en la Red, 22 de julio de 2003

Dentro de pocos años las nuevas generaciones de cubanos no entenderán el sentido de ¡Azúca!. Esa sustancia sagrada de nuestra mitología habrá dejado de existir; y su lugar en un ideario socioeconómico que se remonta a los tiempos del esclavismo habrá quedado vacante. Como queda vacante ahora el puesto de la "reina" de la Rumba. Hemos pasado del feudalismo a la era poscomunista, sin transiciones.

En lugar de ¡Azúca! ahora consumiremos otro cristal dulzón. Un substituto, producto de otras destilaciones culturales: la música republicana pasada por agua y la "bastardización" del imaginario asociado a ella. Innumerables "salseros" y otras antiguallas seguirán saliendo al escenario, bajo los arcos de cristal, para representar la farsa del Ancien Régime. La realidad habrá sucumbido a la Idea. Viviremos, literalmente, de las imágenes.

Una era que debía haberse puesto a descansar hace cuatro décadas, va por fin a la tumba con la Guarachera de Cuba. Pero, como no hubo otra, tampoco quedó más remedio que repetir eternamente la misma Historia, como en la Invención de Morel. La generación del Centenario pudo, efectivamente, destruir a la Cuba clásica, pero no fue capaz de sustituirla por una nueva. Sin reconocerlo, hemos vivido detrás del vidrio de un cuadro de las Hermanitas Scull. Nosotros éramos los cadáveres; nosotros los embalsamados. Ahora, con la muerte de la Reina, no hemos hecho más que ponernos al día.

La Rumba —y la imago de La Habana que la creó— es hoy el principal producto de exportación de la dictadura. El gobierno castrista le negaba la entrada a la rumbera, por razones obvias. Celia, arrollando en El Prado o cantando en Tropicana, hubiera sido, no el tan socorrido fantasma del pasado, sino como una cosmonauta que regresa más joven de su viaje en el Tiempo. Hubiera sido el fantasma del futuro. La aparición de la rumbera significaría la destrucción del principio de realidad que mantiene vivo al régimen. La naturaleza de holograma del castrismo quedaría al descubierto.

Con Celia muere también el joie de vivre de una época que tratamos de enterrar antes de tiempo. Pero la República se resistió a morir. Celia Cruz, como un ejército de una sola persona, defendió la alegría, la decencia, el patriotismo sencillo y la visión del mundo de aquella edad de oro. Tendida en la Torre de la Libertad encarna la paradoja de un país que marcha hacia atrás para reencontrarse. Su capilla ardiente, y la procesión del pueblo que desfila por las antiguas oficinas del "Refugio", iluminan el sentido de la oscura consigna: "¡Adelante, adelante, adelante!".

El principal producto de exportación cubano es hoy la alegría de la República. La dictadura explota despiadadamente esa mina de oro, de grandes éxitos —en la arquitectura, en las artes, en la literatura, en lo social, y hasta en lo político— para mantener su averiada maquinaria. Venden, empaquetados por los estudios Unicornio, trozos de la época que destruyeron. Mientras tanto, en esas nuevas galeras en que se convirtieron los sótanos de los hoteles, el esclavismo light florece. Un ejército de camareras, valets, choferes, mucamas y lavaplatos muele en los trapiches españoles el azúca con que los mayorales endulzan su inconciencia. Y sobre los escenarios del mundo, los músicos entretienen a la clientela "acubanada".

Celia Cruz, y Pedro Motica de Algodón, son los cimarrones del socialismo. Así los verán las nuevas generaciones que ya no entiendan el sentido de su grito de ¡Azúca!: como esclavos liberados, como la imagen, retrospectiva, del futuro.

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El mundo homenajea a "Reina de la Salsa"

El Comercio, Ecuador, 18 de julio de 2003-08-03

Miami.
Artistas, público y gobernantes rindieron ayer homenaje de admiración a la cantante cubana Celia Cruz, fallecida el miércoles en su domicilio en Fort Lee (Nueva Jersey, EEUU) víctima de un cáncer cerebral.

"Celia Cruz fue una artista internacional cuya voz y talento entretuvieron a audiencias en todo el mundo", dijo ayer el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en un comunicado divulgado por la Casa Blanca.

"Su éxito después de salir de su querida Cuba fue un tributo a su perseverancia, compasión y amor por la vida. Laura y yo enviamos nuestros pensamientos y oraciones a su familia y amigos", agregó.

La presidenta panameña, Mireya Moscoso, consideró a la artista "una de las más grandes y queridas intérpretes de la música latina" y recordó a Celia Cruz "como sencilla, agradable y siempre con un buen humor, hecho que le valió además el cariño de todos los latinos".

La gobernadora de Puerto Rico, Sila María Calderón, afirmó que "echaremos de menos la calidad humana, la sensibilidad y la simpatía de Celia Cruz, quien con su característico ´Azúcar´ convirtió la salsa en un movimiento musical que dejó huellas a través de todo el mundo".

El cantautor panameño Rubén Blades, compañero de Celia en las Estrellas de la Fania, destacó la "calidad" y la "clase única" de la cantante.

El autor de "Pedro Navaja" recordó que su fallecida madre, Anoland Díaz, también cubana, conoció a Celia en la isla, donde "trabajaron juntas en la cadena de radio CMQ y con el tiempo mantuvieron el mismo cariño".

También habló de los años que trabajó con la artista cubana en la orquesta "La Fania" y dijo que Celia Cruz tenía una voz fortísima, "más que la de ningún hombre que yo conozca", y una fuerza y energía tremendas que la hicieron "una mujer de una extraordinaria calidad y una clase única".

La prensa cubana, sin embargo, apenas se hizo eco de la muerte de la cantante.

El diario oficial "Granma" tituló ayer "Falleció Celia Cruz", una información de dos párrafos en páginas interiores, en la que se refiere a la artista como una "importante intérprete cubana que popularizó la música de nuestro país en Estados Unidos".

Pero concluyó que "durante las últimas cuatro décadas se mantuvo sistemáticamente activa en las campañas contra la Revolución Cubana generadas desde Estados Unidos, por lo que fue utilizada como icono por el enclave contrarrevolucionario del sur de Florida".

Joe García, directivo de la Fundación Nacional Cubano Americana, el grupo más poderoso de exiliados de la isla en Estados Unidos, dijo al respecto que "es triste que la estrella más grande en la historia de Cuba muere y allá hubo un total silencio. Esta es una mujer que le quitaron su público cubano y decidió ganarse el público del mundo".

Tras el triunfo de la Revolución cubana en 1959, Celia Cruz salió de Cuba a México en 1960, y luego emigró a EEUU en 1961, y no regresó nunca a la isla, donde aún le queda una hermana viva, Dolores, de 85 años, y varias primas.

Una de esas primas, Mercedes Figueras, dijo que los familiares y amigos de Celia prepararon un velatorio simbólico en la casa de la barriada habanera de Santos Suárez donde vivió la artista entre 1954 y 1960.

Pero a pesar del silencio oficial cubano, afamados artistas como el pianista "Chucho" Valdés y el cantautor Silvio Rodríguez le rindieron homenaje.

"Ha sido la cantante, la sonera más grande que ha dado Cuba. Yo la considero al mismo nivel que Beny Moré. Son casos únicos", dijo Valdés.

Rodríguez, quien también recordó al mítico compositor e intérprete Compay Segundo, fallecido el lunes, dijo que: "Deben estar en una nube ahí, Compay tocando, Celia cantando... ojalá sea así".

Mientras tanto el más importante productor de música tropical en Nueva York, Ralph Mercado, dijo a EFE que: con todo el respeto que tengo a las mujeres que están cantando, no hay una que pueda llenar el espacio de Celia".

El festival internacional de Cine Latino de Los Angeles anunció que dedicará su séptima edición a la "Guarachera de Cuba", que será velada multitudinariamente en Miami el próximo sábado, antes de partir hacia Nueva York, donde sus restos recibirán sepultura en el barrio del Bronx el martes, tras haber recibido el homenaje del mundo artístico y del público hispano. EFE

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CELIA, ¡AQUI TIENES TU VIRGEN!

“La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.
José Martí

Por Héctor Lemagne Sandó*
lemagne19atnetscape [dot] net
New Jersey, La Nueva Cuba, julio 23, 2003

“Hermano Rolando: ¿Tienes conocimiento si la OCU (Organizaciones Cubanas Unidas, “Zona Norte”) está coordinando con la Casa de la Caridad de Union City para mover la imagen de la Virgen hasta la funeraria este lunes?

Si nadie está haciendo eso aún, por favor pon tu esfuerzo para que se haga. Gracias”.

Con este correo electrónico comenzó una tarea impuesta por Dios y por mí el sábado, después de presenciar la despedida y la misa que en Miami se le dió a la guarachera de Cuba Celia Cruz, y que llegó a su culminación hoy martes a las 5 de la tarde cuando entré a mi hogar del Bronx dándole gracias a Dios, a la Virgen de la Caridad y a Celia Cruz.

Al día siguiente, después de llamar a una docena de personas, entre las que se encontraba el Padre Raúl Comesañas, --a quien le recordé, aunque no resultó necesario, que nos habíamos sentado en la misma mesa con el difunto Jorge Más Canosa y con Xiomara Sánchez, cuando se celebró la Cena de la Fundación en New Jersey hace unos cuantos años--.

Hablamos por espacio de 45 minutos y me ofreció la virgen de la UCE, Unión de Cubanos en el Exilio.

Entonces recibí la llamada de Orestes Ibiricu, quien me afirmó que él podía facilitar la estatua de la Virgen que se encontraba en la Casa de la Caridad, pues él también se estaba preguntando cómo podría hacer eso mismo.

La familia de Celia no había llegado de Miami aún, y cuando al fin llegó en horas de la noche, la funeraria rehusaba transmitir recado alguno, aunque en honor a la verdad yo no tenia nombres específicos de familiares a quienes podría comunicar lo que yo intentaba hacer.

El lunes 21, a las 6 de la mañana mi hermano Mario Lemagne Jr. y yo nos personamos en la funeraria a esperar que abriera sus puertas, y hablar con Omer Pardillo, representante de Celia Cruz, sobre las 9 de la mañana, quien en medio de tantas responsabilidades me escuchó con calma y con gran amabilidad expresó: “Yo no le puedo decir no a la Virgen de la Caridad”.

Enseguida llamé a Orestes Ibiricu y le dije que ya podía traer la Virgen. Si entrara en todos los detalles, la lucha con la policía y la seguridad, las constantes llamadas, en fin todas las vicisitudes por las que pasamos, necesitaría mil páginas; sólo voy a decir que nos pidieron muchas entrevistas para medios de habla inglesa e hispana, entre los que recuerdo a “Radio Martí”, “CBS”, “Telemundo”, “Miami Herald”, y “The Star-Ledger”.

Y otro detalle que cabe mencionar es que el único que por poco no entra a ver a Celia, producto de la férrea seguridad, es quien escribe estas líneas.

Gracias a la generosidad de Nicole Comas, hija de Lourdes Comas, quienes acompañaban a Orestes, que tuvo la idea de darme parte de la base donde debía instalarse la Virgen.

Era más de las once, ya estaba entrando el público que quería ver a Celia. Situamos la bandera cubana, que yo llevaba, en esa base, y la Virgen a la cabecera de Celia, quien parecía dormida. En ese momento le digo delante de todo el mundo en voz alta: “Celia, ¡Aquí tienes tu Virgen!”. Cuando salimos, mi hermano me comentó que le pareció ver una sonrisa en sus labios.

Hoy temprano llegamos y la seguridad policial era extrema. Había barreras a todo lo largo de la Quinta Avenida, por donde se suponía pasaría la procesión fúnebre. Pero con decisión me dirigí a la posta de la calle en que estaba la entrada principal de la funeraria; expliqué los motivos de nuestra presencia ahí y nos dejaron pasar. Esperamos a que llegara el convertible guiado por Jesús A. Pérez (Manito), con Orestes Ibiricu, Georgia Romero, Nicole Comas y Lourdes Comas.

Yo quiero explicar por qué creí mi deber, como cubano, tomar interés en algo, que estoy seguro que Celia quería. Yo soy tan rebelde como mi abuelo mambí, el Comandante Bernardo Sandó Verdecia. Como mi madre Hilda Sandó Téllez y como mi padre Mario Lemagne Romero.

Me niego a que se siga poniendo a Cuba, en todo, último. Y voy a tratar de poner siempre mi esfuerzo porque se sepa que el régimen de Castro es el que más viola todos los derechos humanos en el mundo. Por eso me sentí emocionado hoy, cuando al terminar la misa solemne en la Iglesia de San Patricio, Omer Pardillo expresó:

“Celia tu saliste de Cuba, pero Cuba no salió de tí; ¡Celia, ayúdanos a liberar a Cuba!

Me indignó la grosería, discriminación, odio e irrespetuosidad, con que el régimen fascista de Castro trató, en su libelo, el fallecimiento de esta impecable mujer.

Indigna también que pongan a Compay Segundo, quien falleció recientemente en Cuba, en el mismo contexto de Celia. Pero indigna más aún que “personalidades” y “musicólogos” se hagan eco, y hasta creen programas poniéndolos juntos.

Yo siempre he dicho que hay quienes te alaban para subir adonde tú estas, y quienes te critican para tratar de rebajarte adonde ellos se encuentran.

La trayectoria de humildad, talento y profesionalismo de la Reina de la Salsa, dentro y fuera de Cuba no la puede opacar nadie, no se puede comparar con nadie, no la puede ignorar nadie.

Y mientras más quieran opacarla, discriminarla, humillarla e ignorarla más brilla y más se ensombrece la bestia, sus aliados y los perennes enemigos de la verdad.

¡No reconocer los méritos ajenos es propio de almas mezquinas! Las verdades no se pueden ocultar. Y por mucho que quiera ignorarse, despreciarse o discriminarse a los que tienen verdad y virtud, cuando de verdad hay verdad, humildad y virtud, (valgan todas las redundancias) como en el caso de Celia, no sólo hacen el ridículo, también, eventualmente pierden la batalla.

Celia Cruz, ha demostrado con su integra e intachable vida artística, personal y matrimonial, que la ética, el respeto, los valores morales, la dignidad, la buena comunicación y los principios, dejan un saldo positivo a corto o largo plazo, aún en el mundo en que hoy vivimos y más aún en el que ella, como artista, se desenvolvía.

Yo quiero dar muchas gracias a Dios, a la Virgen de la Caridad del Cobre y a su hermana la Santísima Virgen de Regla, a Celia Cruz y sus familiares, a los miembros de la Casa de la Caridad de Union City, al Padre Raúl Comesañas, a todos los que de una forma u otra contestaron mi llamada, me atendieron y contribuyeron a darme la oportunidad de llevar en mi brazo, por una de las avenidas más importantes de la ciudad de Nueva York, nuestra enseña nacional. Y gritar: ¡Viva Cuba Libre!

Creo que éste ha sido, para mí el acontecimiento cubano más importante en que he participado desde que llegué a este agrio exilio. Creo que este merecido reconocimiento mundial a la Guarachera de Cuba, le hace más daño a Castro que una bomba inteligente sobre su cabeza.

Creo que Celia Cruz planeó todo esto también con ese fin. Es como una dulce y justa venganza que supo y pudo planear bien la Reina de la música cubana.

La Sra. Lourdes Comas comentó, antes de llegar a la Catedral: “...Esto parece como un acto de rebeldía, nuestra bandera por la Quinta Avenida...”

El jueves 14 de agosto, a las 8 de la noche, se celebrará una misa a Celia Cruz en la Casa de la Caridad de 3333 Hudson Avenue, Union City, N.J. 07087.

¡Asiste para rezar por Celia Cruz! ¡Asiste para pedirle a Celia que nos ayude a liberar a Cuba!

¡Nunca es suficiente lo que hagamos para liberar a Cuba mientras siga sojuzgada, oprimida y esclava!

*Héctor Lemagne Sandó es Secretario de GAMEC

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CELIA CRUZ: UN BREVE RELATO

Por Alberto Naranjo*

Publicado en El Mundo, Caracas, 18 de Julio de 2003
Colaboración La Casa Azul, Texas
La Nueva Cuba, Julio 26, 2003

Siendo un niño de siete años, allá por 1948, usualmente acompañaba a mi madre, Graciela Naranjo, a su diario cantar en Radio Cultura con la orquesta de Rafael Minaya. Al llegar me sentaba en la primera fila del auditorio, propiciando sin saberlo la profesión que me ha dado todo en la vida: la música.

Un día, mi impresión fue más grande que lo usual. Estaba ante Celia Cruz, integrante de las Mulatas de Fuego, cantantes y bailarinas cubanas. Su presencia me hizo recordar aquellos relatos de Kipling, Salgari y Defoe que tantos sueños me forjaran.

Se me antojaba que era música exótica rodeada de una atmósfera selvática con abundante vegetación, con animales sueltos por todas partes que,libres, inofensivos y felices, bailaban y coreaban al lado de tan majestuosa mujer. Y como enseguida capté, presumo que por magnetismo, un encanto tan especial, no aguantaba la impaciencia de volver a verla al otro día.

Recuerdo que la aplaudía ha rabiar, y que hasta perdía la compostura al acostarme en el piso para dar vueltas en círculos tal como había aprendido de "Resortes" en una de sus películas.

Así que terminé siendo su admirador No 1 en Caracas, pero no por capricho de una auto proclama. Fue ella, en un gesto de cortesía y gratitud, quien me la confirió. Por si acaso, mi título llegó refrendado con una bolsita con caramelos y chocolates. Ese detalle me inspiró humildad sin arriesgar soberanía.

Las hojas del almanaque siguieron cayendo. Mientras Celia deslumbraba con la Sonora Matancera yo me hacía un baterista profesional, hasta que llegó la hora de materializar mi sueño de acompañarla: hacia 1966 en el Hotel Tamanaco, luego en 1979 con la orquesta de Tito Puente, y en 1992 en la banda sonora de Los Reyes del Mambo. Claro, en uno de esos encuentros aproveché para refrescarle la imagen de su infantil admirador; que en ese 1948 ella debía pasar un tiempo extra en Caracas para cantar en el Hotel Majestic y grabar con la banda de Leonardo Pedroza un disco de 78 RPM., para más señas, su debut en el acetato. ¿Los temas? "La mazucamba", por la cara A, y Quédate Negra, en la B.

Igual ella recordaba que el golpe militar de ese año la sorprendió en la vivienda de Elisa Soteldo durante un atípico, after hours entre músicos, ya que fue con toque de queda incluido. En una de ésas me dijo, "óyeme tú: no puedo vivir sin el jabón azul. Es lo que uso para lavarle las camisas a mi marido Pedro".

Gracias a estos sencillos recuerdos creo que vale la pena trasponer el mundo sin respuestas del más allá¡, así que hasta luego Celia.

Espero reencontrarte por ahí.

*Alberto Naranjo es un músico y escritor.

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¡¡¡Azúuucar!!!, la nueva consigna

Por ILEANA FUENTES, Miami
Encuentro en la Red, 25 de julio de 2003

Hace cuatro días que estoy "lela", fuera de mí. El nudo en la garganta no se deshace. Esta tarde rompí en llanto detrás del volante en medio de un aguacero torrencial, sólo porque una estación de radio local decidió rendir otro homenaje y empezaron a escapar por las bocinas miles de "caramelos de a quilo", con sabor a piña "para las niñas" y miel de abeja "para las viejas". ¿Qué chip de mi aún buena memoria activó esa mágica voz, que se me nubló la vista?

Ayer, la atea irreverente, la anticlerical por excelencia, se estremeció con la imagen —aunque de poco auténtica muñequita de biscuit— de Cachita. Me estremecí con la descomunal bandera y con la torre que en mi época de wendy pedropanera no conocí. Me ahogué cuando el honorable anciano arribó para acompañar a su reina, y cuando la frágil hermana, recién llegada del paradiso perdido, besó aquellas manos frías —no lo sabe la gente— de tanto esperar. (Cualquiera se entumece esperando cuatro décadas, y algo más, por un abrazo).

Con disciplina de convento escuché el sermón, inspirado y bello, de Martín Añorga, y las lecturas bíblicas de Alberto Cutié. Me sometí paciente a la fila extensa que frente al ataúd comulgó, y a los esmeros del coro —más criollo que gregoriano—, y a la purificación con el incienso, y a la paz compartida, y a las encomiendas a todos los santos, mártires y vírgenes de esa alma sandunguera y buena. "No me sentía tan triste", pensé en uno de esos lapsos, "desde la muerte de papá". Y me di cuenta en ese instante que estaba de nuevo —casi seis años más tarde— en el velorio de mi padre.

Hay que llevar cuatro décadas en exilio para entender, en todas sus manifestaciones, lo que significa la muerte de Celia Cruz. Y no solamente su muerte, sino el hecho de que se haya marchado sin haber podido volver a la tierra de sus amores. Ese es el simbolismo que esconde esta congoja: ser testigo de que se muere sin haber logrado regresar. Así se murió mi padre en el trigésimo quinto año de exilio: añorando volver a La Habana, pero atado al nunca jamás. La vida —la muerte— no perdona, y el requisito —la patria libre del innombrable— tan difícil como un milagro.

Sé que con Celia Cruz enterraremos de nuevo, allá en el Bronx de los boricuas, a miles y miles de cubanos. Cubanos como mi padre, que jamás salieron de la patria antes de 1959, ni siquiera de vacaciones, hasta que la debacle se impuso y no quedó otro remedio. Mi padre amaba a esa Isla que recorrió de punta a punta tocando sus maracas con el Conjunto Casino. En el Nueva York de los años sesenta, mi padre emprendió en voz alta un recorrido pictórico de la Isla, y otro anecdótico de la era republicana. Y así, cuento sobre cuento, me colmó de nostalgia. Entre historias y canciones, mi padre me inculcó un amor por Cuba que vino a reforzar lo ya aprendido en mi infancia. En los años ochenta se lo inculcó a mi hija, su única nieta. "Mueve los hombros, mi china, que tú eres cubana de La Habana". Fue ella, precisamente, la portadora triste el pasado miércoles: "Mami, te tengo una mala noticia, pero no llores: acaba de morir Celia Cruz". Mi hija gringa cubanoamericana, nacida en North Bergen, New Jersey, criada entre anglos y judíos a base de matzas y platanitos fritos, hoy anda por este Miami con todos los periódicos a cuestas, y las fotos de Celia, y los CDs. Ese es el bendito misterio del exilio: Celia es tan mía, a los 55, como de ella, a los 23.

Hay que llevar cuarenta años errantes y tener por himno nacional el poema de Pura del Prado para entender a fondo la desaparición de Celia Cruz: "El día que yo me muera", nos decía Pura, "se va a morir Cuba un poco, porque mi espíritu loco tiene embrujo de palmeras". Hay que haber vivido casi toda una vida añorando la latitud de origen para saber que eso de andar "sin descanso, tendré una cruz vagabunda, si mi tierra no me enfunda y me acoge en su remanso", es la absoluta verdad. ¡Maldición este destierro! ¡Bendición esta nostalgia! Por eso su muerte ha vuelto a matar a los muertos, y a los vivos nos ha fulminado de forma virtual. El asunto no es que se llegue al final del camino, sino la geografía de ese final.

A Celia se le harán miles, millones de homenajes. La historia le brindará la máxima recompensa, porque dentro de doscientos, trescientos años, cuando los mortales del siglo XXIII —y quién sabe cuántos extraterrestres amigos— hablen de Cuba, hablarán de los talentos inmortales de esa Isla, y sobre todo, de quién en vida proclamó a los cuatro vientos: "Yo me llamo Celia Cruz". Cuando nadie se acuerde ni del más mínimo discurso, a Celia de Cuba la estarán adorando con guaracha y guaguancó.

Yo propongo que nosotros, los testigos presenciales del siglo XXI, aportemos algo colectivo a su legado. Pidámosle prestado a esa hija de Santos Suárez su cubanismo más genuino. Hagamos de su grito emblemático un nuevo clamor para la nación cubana. No más opciones revanchistas desde las tribunas. No más patria, no más muerte, no más reveses ni victorias, no más paredones ni tapiadas, no más delación ni vigilancia, no más balsas ni remolcadores. No más sangrientos venceremos, ni milicias territoriales, ni actos de repudio, ni desfiles en la Plaza.

¡Que la agenda nacional se desborde en vida, prosperidad, justicia, alegría, música, hermandad, reconciliación, libertad!

¡Que arrolle la gente por las calles y se haga el carnaval!

¡Que el tumbao de la negra acabe de tumbar al tirano!

¡Que tiemble toda Cuba, desde Alto Songo hasta Guane, con una nueva consigna: ¡Azúuucar!

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'Siempre hay que refugiarse en Celia Cruz'

Luis Aguilar León.
El Nuevo Herald, 27 de julio de, 2003.

Hace casi un año reproduje en Miami un artículo que había publicado en Washington, DC, celebrando un concierto de Celia Cruz en el Kennedy Center. Unos días más tarde, casi tropiezo con nuestra fabulosa cantante y su grupo en el hotel Sonesta. Usualmente no me arriesgo a saludar a personas famosas, pero Celia era mi favorita y me acerqué con un gesto amable, excusándome porque ella no me conocía. ''No me mortifique, profesor'', me dijo riendo. ''Yo he leído algunos de sus artículos y el que me dedicó me gustó tanto que le escribí una nota, dándole las gracias y le mandé una foto. Espero que le gusten''. Y se rió más. Y yo casi la abrazo.

Al otro día me llegó su carta y su foto. Aquí ofrezco una copia de ambos. Lo que suele ser un saludo intrascendente, un gesto de segundos, no lo fue en manos de Celia. Las palabras de la nota son claras, el estilo meticuloso. Al comienzo me desea salud; en el medio me da las gracias por mi gesto tan hermoso; y termina pidiendo que Dios me bendiga. Por eso, cuando ocurrió el hundimiento de un pueblo, decidí publicar la foto, la nota y fragmentos del artículo que no fue más que un modesto tributo a una magnífica artista y generosa persona. Su muerte marca el final de una era, pero ella seguirá ofreciendo un refugio y un modelo.

"El Hall del Kennedy Center se llenó esa noche de cubanos y latinos que habían venido a escuchar a la Emperatriz del Ritmo, a vibrar en su ruedo, a recordar y soñar. Fuera del Center, Washington había desplegado uno de sus más bellos ocasos. Un sol casi tropical ennoblecía un horizonte de árboles, cuyo verdor apenas comenzaba a amarrillearse ante los primeros soplos del otoño. Dentro, los asistentes murmuraban y ofrecían leves aplausos al espectáculo introductorio. De pronto, desde detrás de un pliegue de las cortinas, una voz tremulante, rica, melodiosa e inconfundible, se alzó por todo el ámbito del teatro y retumbó en la punta de los nervios. Aún no había asomado Celia cuando se oyó su voz y ya tres mil personas estaban de pie, vibrando con el ritmo, ofreciéndole un homenaje. Así, de las propias sombras, emergió Celia Cruz, toda ella, toda Celia, toda mujer, toda canto, toda ritmo. Con ella entraba cimbreando un cañaveral, el bronco redoblar de los bocuses, la risa de una mulata, la sinuosidad de las calles de La Habana y de Santiago de Cuba; olor a café, 'el trópico fecundo y vivo'.

"Desde ese momento, el espectáculo dejó de ser espectáculo y se convirtió en una simbiosis vital de canto y alegría. Dejamos de ser público y pasamos a ser parte de Celia, compañeros de su ritmo, manto de sus movimientos. Prendidos al escenario con las uñas del alma, nos bañamos con su risa. Celia Cruz era Cuba viva, presente, ardiente, germinal y eterna, nos brindó algo insólito, jerarquía y elegancia.

'Porque hay quien confunde lo criollo con la chusmería y el relajo permanente, quien cree que el estilo, el 'punto' cubano, es el remeneo incesante, el grito amplio, la gesticulación excesiva. Desde luego que nosotros tenemos algo de eso y mucho de mucho más. Pero Celia Cruz nos ha enseñado una cuota de ese algo mucho más esencial del carácter cubano, la voluntad de ayudar y su orgullo como pueblo.

"Cuando al final Celia alzó su canción de despedida, el público no quería dejarla ir y, todos de pie, no interrumpía su sólido aplauso. Ella volvió al escenario, pero no cantó más, hizo un amplio gesto de agradecimiento y, con los brazos abiertos, se fue retirando hacia el trasfondo del escenario. Hizo muy bien. No había derecho a pedirle más. Había roto todos los niveles emocionales y clavado en tres mil almas la perennidad de un recuerdo. Después de ese magnífico regalo había que dejarla partir cargando nuestra gratitud y nuestro orgullo, desapareciendo lenta y soberanamente, toda ella, toda Celia, toda Cruz, toda milagro.''

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¿Viste Fidel?

ANDRES REYNALDO
El Nuevo Herald, 26 de julio, 2003

Fidel, ¿viste lo de Celia?

Apuesto a que lo viste. De un rincón al otro una ola de pesar ha barrido el mundo. Una ola, Fidel, que ha batido con pertinaz furia contra ese muro, endeble pero oprobioso, que tú has alzado entre los cubanos.

¿Lo viste? Se nos murió el sinsonte, Fidel. Y estamos tristes. Aunque, a la vez, mira tú, no nos cabe un alpiste del orgullo que sentimos por ella. Por Cuba. Por esa Cuba profunda y mágica que Celia simboliza y que tú no has podido destruir.

¿Viste, Fidel? Estoy seguro de que hiciste la misma comparación que nosotros. Su muerte y tu muerte. La muerte de los que son llorados por todo un pueblo (en este caso, muchos pueblos) y la muerte atonal y protocolaria de los tiranos. ¿Dime, Fidel, quién tú crees que te va a llorar?

Veinte a uno a que lo viste. El cortejo fúnebre avanzando lentamente hacia la Ermita de la Caridad, al tiempo que la gente, su gente, cubría con pétalos de rosas el coche mortuorio. ¿Viste esos rostros, Fidel? El rostro del joven balsero que perdió sus piernas (podridas por la sal, mordidas por los peces) por escapar de ti sobre la llanta de un automóvil. El rostro del guajiro que sin ningún inglés (y un mal español) trabajó dos trabajos durante 20 años para enviar a sus hijos a la universidad y construirse la casa de sus sueños. El rostro del cubano que vive honesta y esperanzadamente de su trabajo, sin comité de defensa, sin discursos obligatorios, sin miedo. Estos son, tú lo sabes, los rostros de ''la mafia de Miami'', con sus zapatos nuevos y su ropa de domingo fragante de agua de lavanda, agitando banderas y mordiendo las lágrimas mientras la Guarachera de Cuba era llevada a los pies de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

Y viste, Fidel, lo que decían de ti los periódicos? ''El gobierno de Fidel Castro no le permitió entrar a la isla para ver morir a su padre''. Esa simple frase, lo mismo en checo que en francés que en italiano, te retrata en toda tu mezquindad. Así eres tú, Fidel, seco y roñoso, privado de todo amor. Un rencoroso matoncillo de zarzuela. Y hasta el más obtuso de tus admiradores advierte que se lo hiciste a Celia como se lo has hecho a todos. Que lo tuyo no es la izquierda ni la derecha, sino el abismo.

Así es la vida, Fidel, tú tienes al Gabo, todo un premio Nobel, que va de país en país como una modistilla deslumbrada contando lo mucho que lees, lo tanto que te gustan los helados de coco y lo bueno que eres con tus vacas. (El pobre, ¿qué otra cosa iba a decir?) Tienes a Oliver Stone, a Pérez Esquivel, a la mercurial Hebe de Bonafide que se alegra incluso de los atentados terroristas del 11 de septiembre. Y de pronto, Fidel, en el momento que menos te convenía, cuando la historia te califica como un bullicioso anacronismo, la muerte de Celia arroja una cirujana luz sobre tu dictadura y tu persona.

¿Y qué me dices, Fidel, de esa nota que publicaste en Granma? Siete líneas que intentan escatimar la gloria de una mujer que se hizo sinónimo de Cuba. ¿Quieres qué te diga algo? Nadie te lo ha perdonado. Ni dentro ni fuera. Puedes afirmar sin dudarlo que en eso estuviste a tu verdadera altura. Caramba, Fidel, ¿quién te habrá hecho tanto daño? ¿Cómo habrán depositado en tu pecho esa costra tan amarga y sórdida? ¿Quién te disminuyó en tal grado que ni siquiera en tu vejez has podido saciar, como todo hombre, una medida de ti mismo? ¿En qué horrible rincón de tu infancia te arrancaron de Dios?

Yno digas, Fidel, que la política tuvo vela en este entierro. No, Fidel. Fíjate si no hubo política que ni siquiera el gobernador Jeb Bush se sintió obligado a venir a Miami. Estaba en California, pasando el cepillo para su hermano. Nuestro Jeb, Fidel, el amigo histórico de los cubanos. ¿Te imaginas? No envió ni a la vicegobernadora. (Aquí entre nosotros: ¿sabrá la vicegobernadora que hay cubanos en Miami?) Ni ambos Bob: Graham y Menéndez, nuestro flanco demócrata. Ni ese avispero de senadores y representantes que nos caen en La Pequeña Habana en tiempos de elecciones con un tabaco mal encendido, una guayabera prestada y un par de frasecitas en tu contra, como si fuéramos un corral de imbéciles. Ni nuestra Ileanita, Fidel, creyó necesario interrumpir sus sagradas vacaciones. Nada de política, te lo juro.

¿Y viste, Fidel, los honores que le tributó New York? Carroza blanca con un tren de cuatro caballos. Digno de una reina. Y allí estaban, bajo la lluvia, colombianos, puertorriqueños, dominicanos, judíos, nigerianos, irlandeses, salvadoreños... La Quinta Avenida cortada un martes a las 10 de la mañana para sacar el féretro de esta gloriosa negra de Santos Suárez envuelto en la bandera del triángulo de sangre. Y la estrella, Fidel, la dura estrella de nuestra nación, ardiéndole sobre el pecho.

Y si no lo viste esta vez ojalá puedas verlo la otra, cuando los restos de Celia vuelvan a su patria libre. Y de que volverán, volverán. Ah, Fidel, de todas las personas del mundo tú eres el único que no debía perderse esa tremenda fiesta. (A lo mejor hasta Silvio le tiene su canción.) Que veas a su pueblo salir a la calle, sin mordaza, sin movilización compulsiva, sin cerveza de limosna. La libertad, Fidel, de punta en blanco, recibiendo a su guarachera. Y que escuches la conga subir por malecón. Y que veas las lágrimas y las risas y las fotos de Celia en cada casa, como las de una hermana ilustre y añorada. Y que se te peguen, sin querer, los estribillos. Y que las muchachas rompan caderas bajo el sol. Eso sería justicia poética. Y que alguien, apiadado de tu senil tristeza, te diga con habanera displicencia: ``Vamos, comandante, no hay que llorar, que las penas se van cantando''

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UN SON PARA CELIA CRUZ

Por Ernesto Montaner*
Radio Mambí

Celia Cruz canta que canta,
y de su canto diré
que el son, de Cuba se fue
escondido en su garganta.
Hay en su voz, una santa
devoción por la palmera;
vibra en ella Cuba entera,
y es tan cubano su acento
que su voz, al darse al viento,
flota como una bandera.

En su más leve gorjeo
hay el grito de un mambí,
que unas veces es Martí,
pero que siempre es Maceo.
Su voz, ardiendo en deseo
por la Cuba soberana,
tan pronto es una campana,
como se torna en clarín
queriéndole poner fin
a la esclavitud cubana.

Canta, Celia Cruz, en tanto,
ya que no hay nada que vibre
y recuerde a Cuba libre
como el sabor de tu canto.
Tu canto, que sabe al llanto
de los hijos de tu tierra;
tu canto, donde se aferra
la libertad al decoro,
y es como un himno sonoro
llamándonos a la guerra.

Dios puso en tu piel oscura
de reciedumbre mambisa,
la claridad de tu risa
y el ritmo de tu cintura.
De canela y sabrosura
ungió tu carne africana,
y al viento de la mañana,
quien te haya visto bailar,
habrá visto tremolar
una bandera cubana.

Muñequita de café,
de caña, tabaco y ron,
dame tu son, ese son
que sabe al Cucalambé.
Dame ese son que se fue
entre lágrimas y penas,
huyendo a manos ajenas
en tu garganta sonora.
Dame tu son, que ya es hora
de ir a romper las cadenas.

Dame el son. Dámelo ya.
Y al dármelo, negra linda,
dámelo como el que brinda
en copa de bacará.
Que Cuba te premiará
con un manto de capuz,
y así que brille la luz
de la dignidad del hombre,
el son cambiará de nombre,
se llamará: CELIA CRUZ.

*El fallecido periodista cubano y maestro de la décima, Ernesto Montaner, dedicó hace años estas décimas a Celia Cruz.

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Quieren medalla de oro para Celia Cruz

Frontera México, Miami, Florida (EFE)

La congresista Ileana Ros-Lehtinen y su colega Bob Menéndez, ambos cubano estadounidenses, anunciaron hoy que presentarán una resolución para otorgar póstumamente la Medalla de Oro del Congreso de EU a su fallecida compatriota la cantante Celia Cruz.

De acuerdo a un comunicado conjunto de ambos congresistas, que pertenecen a diferentes partidos políticos, a la cantante le sobran méritos para recibir el prestigioso reconocimiento.

El documento agregó que "Celia fue siempre una verdadera hispana, y que su muy conocida "Azúcar" vivirá con nosotros por muchas generaciones".

En particular la republicana Ros-Lehtinen dijo que "las innumerables contribuciones que Celia ofreció a los hispanos y su impresionante talento, la hacen una digna merecedora de este gran honor".

Asimismo, Menéndez, demócrata, dijo que "me enorgullece que junto a mi amiga, la congresista Ros-Lehtinen, le rindamos este tributo a Celia Cruz, quien con su incansable energía deleitó a generaciones de aficionados de la salsa".

"Celia Cruz era uno de los pocos puentes que cruzaban las diferentes divisiones culturales y raciales. Ella siempre será bien recordada", agregó Menéndez.

La Medalla de Oro del Congreso de EEUU es concedida para reconocer a personalidades en distintas áreas, incluyendo la medicina, artes, entretenimiento, servicio público, y obras humanitarias.

El reconocimiento, que se ha entregado desde hace más de dos siglos, fue otorgado por primera vez a George Washington y después a otras personalidades como Winston Churchill y la Madre Teresa de Calcuta.

Los congresistas dijeron que presentarán el proyecto de resolución "a mediados de agosto" y que, de ser aprobado, el galardón podría ser entregado la segunda semana de octubre.

Celia Cruz, considerada la "sonera" más grande que ha dado Cuba y reconocida internacionalmente por su humildad y por "borrar todo tipo de fronteras con su cantar", falleció el pasado 16 de mayo de cáncer, en su residencia de Nueva Jersey (EEUU).

La muerte de "La Guarachera de Cuba" causó cientos de miles de sentimientos de pesar en todo el mundo, incluyendo los del presidente de EEUU, George W. Bush, quien expresó sus condolencias diciendo que los éxitos de la cantante fueron un "tributo a la vida".

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Se agotan los éxitos de Celia

Por Ivett Rangel
Reforma, México, 7 de agosto, 2003

En 15 días, se venden en México las 10 mil copias que salieron al mercado del disco 'Exitos Eternos'

A 15 días de estar en el mercado, ya se agotaron las 10 mil unidades que se editaron en México del álbum Exitos Eternos de Celia Cruz, informó Jorge Avila, quien hasta ayer se desempeñara como gerente de compilaciones de Universal Music.

Dicho material, explicó, se ideó en Miami en junio pasado, pero la salida de éste al mercado coincidió con el entierro de la cantante.

"Uno nunca le desearía la muerte a nadie, pero obviamente eso sabíamos detonaría las ventas de todo lo que grabó. Yo recibí partes de la producción justo el 16 de julio (día de la muerte de Cruz ) y por el movimiento que sabíamos se generaría, pues se aceleró el proceso", precisó.

Exitos Eternos contiene "La Negra Tiene Tumbao", "Que le Den Candela" y "La Vida es un Carnaval", que le cantó Víctor Manuel a la cubana en la iglesia de San Patricio, en Nueva York, en la misa de cuerpo presente que se le ofreció.

"Sony y Warner, coincidentemente, tenían lo más fuerte de Celia y justo esos tres temas se escucharon más en los tributos y homenajes que se le hicieron, y nos asociamos para hacer este disco", dijo el gerente.

El álbum incluye 14 temas, de los cuales "Cúcala", "Quimbara" y "Guantanamera" son versiones en vivo, además de "Tu Voz", a dúo con Vicente Fernández, y el video de "Que le Den Candela".

Ávila reveló que ya se prepara una segunda compilación con éxitos de la cubana, entre los que se contempla "Cruz de Navajas", "El Yerberito", "La Bemba Colora" y "Vasos Vacíos", a dúo con Los Fabulosos Cadillacs. Se prevé salga al mercado en 45 días.

En el mercado también se encuentra una edición especial en DVD del sencillo La Negra Tiene Tumbao, de 24 minutos, que incluye el video del tema, en versión original y karaoke, así como la biografía y una foto galería de la artista cubana.

Le rinden salseros tributo

Las estrellas de la salsa rindieron ayer en Panamá un homenaje a la fallecida Celia Cruz, con un espectáculo lleno de energía que se extendió durante más de tres horas.

El venezolano Oscar D'León, junto a los puertorriqueños Andy Montañez, Gilberto Santa Rosa, Víctor Manuelle, La India, Tito Nieves, Cheo Feliciano, Ismael Miranda y Moncho Rivera participaron en el recital en el Figali Convention Center, a orillas del Canal de Panamá.

El martes, un día antes del concierto, D'León y los demás salseros fueron declarados "Visitantes Ilustres" por la Alcaldía de Panamá.

D'León señaló en una reunión con los medios de comunicación que el concierto sería una presentación de artista tras artista, sin baches y con música continua, e indicó que cada uno interpretará dos temas propios y uno de Celia Cruz.

A lo largo del concierto, se proyectaron videos sobre la vida y carrera artística de "La Guarachera de Cuba".

Todos los artistas que participaron en este homenaje a Celia en Panamá, brindaron este mismo concierto en tres ciudades de Colombia la semana pasada.

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Celia Cruz: la salvación por el talento

Por Emilio Ichikawa.
20 de Agosto de 2003
www.noticubalasvegas.com

Gracias a mi vecino Manengue (uno de los mejores jugadores de dominó del pueblo de Bauta, al oeste de La Habana), quien decidió detener su reloj en los años 50, yo supe alguna vez quien era Celia Cruz. Él marcaba el son y la guaracha con un sonido de clave sacada de sus manos, llevando el tiempo con el restallar de sus dientes.

Nos hablaba de la Sonora Matancera, de Fajardo y sus Estrellas y, por supuesto, del Benny Moré, cuando a nosotros solo nos importaba la música norteamericana e inglesa. En los años 70 la cultura cubana se podía calificar más como (pro y contra) soviética que como "tropical" estábamos al centro de la Guerra Fría cultural y militarmente hablando, y no en el carnaval o el "pop-rock" latinoamericano, que inexplicablemente aún fascina a una amiga chilena.

En la isla renació el gusto por la música "nacional" solo en la frontera anterior de los 80. Fue por eso que la llegada del sonero venezolano Oscar de León a La Habana y Varadero dejó a los músicos perplejos: él bailó, y muy bien, en casa del trompo.

Gracias a traumas como este, y la labor de promoción de la música cubana del programa televisivo "Para Bailar", hubo una suerte de "renacer" del gusto por la música cubana.

Oscar de León dejó al menos otros dos traumas en la opinión pública cubana: casi toda la isla se enteró de que la madre del Benny Moré estaba viva al invitarla a un concierto en la Ciudad Deportiva, e hizo popular en una sociedad comunista un estribillo que le censura
consideró radicalmente diversionista en lo ideológico. Decía así: "Defiéndete tú, y déjame a mí, que yo me defiendo como pueda."

Le contestó el mismísimo Comandante Juan Almeida, con un son más lento, interpretado por la cantante del minuto (María de Jesús, según recuerdo), que hacía un llamado panfletario a la solidaridad proletaria y la cooperación socialista, repitiendo sin cesar que,
respecto a la piñata propuesta por León: "Así es mejor, así es mejor."

Hace unos días, después de la consternación por la muerte de Celia Cruz, el pintor Armando Tejuca me recordaba un incidente ocurrido en Cuba hace unos años, que muestra la persistente lógica del artefacto de propaganda política. Una canción interpretada por Celia, y que el público reconoce como "La vida es un carnaval", fue popularizada en la isla por el salsero Isaac Delgado. Como quien no quiere las cosas,
recuerda Tejuca, otro afamado sonero cubano le respondía con un tema de texto bastante "pesao" que llamaba a la responsabilidad y disciplina en el socialismo. ¡Uf!, lo de jamás acabar.

Lo cierto es que "La vida es un carnaval" se cantaba en toda La Habana y fue hasta el tema de una Serie Nacional de Béisbol. Por supuesto, todo el mundo comentaba que en Miami la cantaba Celia Cruz, y con tremendo "tumbao" (o "swing", que es la curiosa opción de los habaneros).

Fue este incidente quien me enseñó que había una Celia Cruz que desbordaba los olvidos, que bailaba y cantaba sin interrupción entre las "dos orillas", y eso también era obra del bueno de Manengue. Lo comprobé con creces cuando visité la peculiar ciudad de Miami.

Le hice la historia al propio Delgado, con quien coincidí en un lugar bastante insólito para un sonero cubano: un aula universitaria en New Orleans.

Celia Cruz fue muchas cosas. Todas a la vez: mujer, exiliada, negra, cubana, latina, hispana, rica, popular, cristiana, y más. Su música, sin embargo, no dependió de ninguno de estos predicados; se ganó el público, el dinero y aseguran que hasta la salvación, a base de talento. Fue simpática con naturalidad y profesionalismo, sin añadir lágrimas bobaliconas ni risas afectadas. No inventó un amor que no sintiera, ni besó un niño que no amara, ni agradeció una flor que no gustara de veras.

No empujó su arte con ninguna cursilería adicional: tampoco cargó mascotas ajenas, ni reivindicó minorías, ni rentó la cualidad de víctima o discriminada para que los aludidos le compraran sus discos. Fue como nadie crítica de Castro y jamás le perdonó la prohibición de asistir al entierro de su madre. Pero esa antipatía real no la
manipuló para ganarse la comunidad cubana de Miami, un mercado natural de sus discos.

A Miami, a todo Miami, llegó con su música, con su talento y su optimismo. Con ganas de vivir y sin trampas; aunque le entendía el dolor a una comunidad estructurada sobre una injusta exclusión. Le gustaba ser lo que era. Y punto.

Es por eso que tanta gente sintió su muerte; agradeciéndole la autenticidad de un amor natural, que puede prescindir de las reglas oportunistas de un tradicional guardia de relaciones públicas.

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LA REINA Y SU CABALLERO

Por Paquito D’Rivera
Colaboración: Paul Echániz
E.U., La Nueva Cuba
Septiembre 1, 2003

El teléfono sonó en medio de la noche como anunciando un mal presagio. Me desperté con dificultad y al mirar hacia la verde luz del reloj eléctrico sobre la mesita de noche, vi que daba justo la 1 y media. Una tenue corriente de aire fresco infló las cortinitas de tul, y el olor de la madrugada se coló por la ventana semiabierta de mi habitación de hotel en Dislaken, cerca de Düsseldorf en Alemania. Miré a mi alrededor tratando de orientarme en la oscuridad. El aparato seguía llamándo insistentemente y al descolgar, la voz dijo desde el otro extremo:

-Maestro, este es Tony Évora del Miami Herald. Siento molestarlo, pero es que queremos saber sus impresiones sobre…-

-Sí maestro- respondió escuetamente el periodista, obviamente consternado.

El hombre, adivinando mi reacción, aguardó cortesmente hasta que me pude reponer del shock inicial que me produjera la noticia, que no por esperada se hacía menos triste y desoladora.

Contesté las preguntas con extrema dificultad, y al terminar la entrevista, salí al balconcito en penumbras, aspiré profundamente el aire húmedo de la noche y esperé el amanecer llorando en silencio la partida de aquel extraordinario ser que tanta alegría había regado por el mundo. Cerré mis ojos y pude escuchar nuevamente su voz de azabache y oro saltando por la bocinita del radio de mi abuela Panchita allá en Marianao. Regresé en el tiempo a la diminuta oficina de mi padre en la habanerísima calle Virtudes cerca de Prado, y me pareció sentir el olor a nuevo que salía de aquella hermosa caja de cuero y peluche. Vi la cara de entusismo de Pedrito Knight, al sacar del estuche la flamante trompeta Martin que mi viejo le había ordenado directamente de la fábrica en Elkard, Indiana. ¡Ay, pobrecito Pedro!… -pensé-, el grande y único amor de La Guarachera; que cuando aquello aún no lo llamaba “Mi cabecita de algodón”, y ni siquiera se habían casado.

Ella cantaba al frente oronda, esbelta y radiante en sus vaporosos vestidos de lino y encajes blancos, y Pedrito (que de caballero lleva hasta el nombre) le soplaba su cariño desde la sección de trompetas de la famosa Sonora Matancera. Celia fué su gran orgullo y no era para menos, pues su novia era ya, aún tan jóven, la cantante más popular de Cuba. Y eso que aún no sabía que su futura esposa estaba llamada a ser la artista cubana más popular y querida de todos los tiempos. Pobre Pedro y pobre de todos los que desde ahora tendríamos que aprender a vivir sin su alegría contagiosa y aquella sonrisa de grana, perlas y ébano.

Me acordé de aquella (mi primera) presentación en el teatro Puerto Rico de New York, junto a Lola Beltran y Rolando Laserie acompañados por la gran orquesta del trompetista boricua César Concepción. El teatro estaba repleto y La Sonora Matancera cerraba el show con Celia Cruz al frente. Corría el año de 1960 y el conjunto en pleno había decidido no regresar a Cuba. Poco tiempo después, la entonces aún jóven dictadura castrista se encargaría de hacer cumplir la drástica decision al negarle a la cantante el permiso de entrada a su propio país, para visitar a su madre que la llamaba desde su lecho de muerte.

Profundamente herida, Celia continuó sin embargo su exitosa carrera lejos de su patria querida, y desde la distancia se convirtió sin darse cuenta en lo más representativo del carácter Nacional con todas sus virtudes y ninguno de sus vicios. Derribó todo tipo de barreras, tanto raciales y generacionales como de tipo musical, idiomático, político, sexual y religioso. El día que anuncié su fallecimiento, en medio de un show de música brasileña en aquel pequeño pueblito alemán, al pronunciar su nombre, el público se ponía de pie a aplaudirla. Otro tanto sucedía semanas más tarde ante los más de 17,000 asistentes a nuestro concierto con Yo Yo Ma en el Hollywood Bowl. Su masivo funeral tanto en Miami como en su amada ciudad de New York fue de una emotividad para mí absolutamente indescriptible. Jamás vi tanta gente llorando a la vez que cantaban, bailaban y reían con el nombre y las canciones de “La Reina” a flor de labios. Nunca vi tanta gente famosa mezclada con los más humildes, formando una ininterrumpida línea que iba desde la imponente catedral de San Patricio en el corazón de Manhattan, hasta el cementerio de Woodland en el Bronx, a muchas millas de la ciudad.

Nunca pude imaginar tantos hombres, mujeres y niños de todas las nacionalidades posibles e inimaginables permanecer estoicamente bajo el torrencial aguacero, aún varias horas después de terminada la ceremonia que despidiera el locutor portorriqueño Paco Navarro. -“Celia está cantando y el cielo está llorando”- coreaba la multitud tras la hermosa carroza de cristal tirada por 2 bellísimos caballos blancos.

La noticia corrió como la pólvora, ocupando primera plana de las más importantes publicaciónes del mundo, menos en nuestro propio país donde el periódico GRANMA, diario oficial del partido comunista le dedicaba 2 parcas líneas de críticas y reproches.

Desde Cuba, Chucho Valdés declaró que había muerto la mayor guarachera de la historia de Cuba, y Silvio Rodríguez se atrevió a poetizar una muy tierna y utópica escena de Compay Segundo (fallecido también en esos días a los 95 años de edad) y la Reina de la Salsa cantando juntos en una nube. Pero como dice el bolero: “Bájate de esa Nube” Silvio, ya que Celia, “ni muerta” aceptó jamás compartir el escenario con artistas afines a la dictadura.

Ella yace ahora cerca de Miles Davis, Duke Ellington y Lionel Hampton; ¿Te imaginas la cara de la negra cuando el Compay le dijera que sus huesos descansan nada menos que en el pabellón de las fuerzas armadas, junto a tanto esbirro, carcelero y terrorista?. ¡Capaz que del susto se caiga de la nube!. Por otra parte tanto ella como yo y la mayoría de quienes llevamos más de 7 u 8 años de exilio, jamás oímos hablar del viejo trovador, pues Francisco Repilado, que era su verdadero nombre permaneció en las sombras por más de 80 años, hasta que fuera lanzado a la celebridad por el rockero gringo Ry Cooder en 997, al ganar un GRAMMY por el ahora famoso Buena Vista Social Club.

“Nuestra misión es defender los derechos y exaltar la dignidad del negro no solamente en los Estados Unidos, sino en todo el mundo”; y debieron agregar “menos en Cuba”, ya que los voceros de la NAACP (asociasión Nacional para el avance de la gente de color) olvidaron totalmente enviar sus condolencias a los familiares de quien fuera en vida uno de los más grandiosos símbolos de la cultura Afroamericana. Tampoco lo hicieron Nelson Mandela, Harry Belafonte, Danny Glover ni el cantante Gilberto Gil, recién estrenado ministro de la Cultura brasileña en el gobierno socialista de Lula da Silva. Ni falta que hizo, ya que a casi dos meses de su muerte, millones de personas de todas clases y colores alrrededor del mundo aún lloran su partida. Ellos se encargarán de perpetuar la inmortal imágen de La Guarachera de Cuba mucho más allá que la de cualquier dictadorzuelo de oído cuadrado.

-“Yo soy una persona alegre que me gusta cantar”- Solía decir la diva, quien deseaba ser recordada con la misma alegría que la caracterizó. Y como los deseos de los difuntos deben ser respetados, ahí les va esta anecdota tan divertida:

Cuentan que al final de una de sus muchas actuaciónes en Colombia, Celia Cruz bajaba extenuada de la tarima al aire libre cuando tras la valla policial que dividía el campo, un fan muy pero muy borracho y sudando a borbotones le gritaba: -“Celia, Celia, déjame darte un beso mi reina”-, a lo que la cantante, con su eterna sonrisa le contestó abriendo los brazos: -“que va mi negro, que ahora estoy muy apurada. ¡Mira dáselo a Pedro que viene allá atrás de mí!”

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CELIA, LA VOZ

Soy una mujer feliz que siente que la gente la quiere por su carrera y por el amor que ha puesto en todo lo que hace. He trabajado duro y quiero seguir, mientras las facultades me acompañen, mientras tenga voz y energía, dando amor y !azúcar!"

Celia Cruz

TU VOZ

Bolero rítmico del compositor Ramón Cabrera, fue uno de los grandes éxitos interpretado por Celia con el acompañamiento de La Sonora Matancera en el 1952.

No se que tiene tu voz que fascina,
no se que tiene tu voz tan divina,
que en mágico vuelo le trae consuelo a mi corazón.
No se que tiene tu voz que domina
con embrujo de magia mi pasión.

Tu voz se adentró en mi ser y la tengo presa.
Tu voz es tañir de campanas al morir la tarde.
Tu voz genial es de violines en la madrugada.
Es el divino poder que tienes mi bien para entrar en mi ser.

Tu voz es susurro de palmas, ternura de brisas.
Tu voz cristalina corriente cual, cual una cascada.
Dios te bendiga mi bien tu gracia y tu ser,
que me hacen soñar.

Hasta luego Celia de Cuba,

Victor

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La Reina de Cuba

Por Zoé Valdés
El Mundo, 27 de Julio, 2003

Celia Cruz, la reina de Cuba, ha muerto. Cuando lo supe se me hizo un nudo en la garganta, y me brotó todo el dolor comprimido, la tristeza de perder a tanta gente buena y creadora en el exilio, y lloré por todos esos cubanos generosos que no podrán nunca más regresar a su patria. Recordé las imágenes del documental "Marcadas por el Paraíso", de Mari Rodríguez Ichaso, donde Celia afirma que le gustaría regresar a su país en libertad, para visitar la tumba de su madre (cuando enfermó, Celia no pudo ir a verla porque Fidel Castro se lo impidió), y que le encantaría cantarle a los cubanos en el Parque Central. Y me puse a temblar, no podía dar un paso, de ira y de engurruñamiento del pecho, sentí una punzada muy honda, que es esa cuchillada gélida de la pérdida, el titubeo de la mano extendida al vacío, reseca y sedienta queriendo beber en la memoria, ansiosa de asir los recuerdos.

Mi madre era una mujer de la noche habanera, desde muy jovencita trabajó como camarera para ganarse el pan. Mi madre fue camarera antes y después del año 1959, o sea que para ella Fidel Castro no significó ninguna mejoría, más bien lo contrario. Adoraba la música de su juventud, la gozaba como nadie, la tarareaba, la sandungueaba, la silbaba como la que más, y una de las primeras bestialidades de los castro-comunistas fue que empezaron por prentender liquidar la música de su época; muy pronto el bolero, el son, el guaguancó, y demás ritmos bailados por los cubanos en los años treinta, cuarenta, y cincuenta, fueron acusados de ser música decadente, y reemplazados por himnos patrioteros y por las canciones de urgencia de la Nueva Trova, cuyo nombre fue escogido a propósito, con el objetivo de eliminar la vieja trova santiaguera.

Pero la realidad ha demostrado que lo que una dictadura intenta matar con saña, la cultura lo renace y lo gana a golpe de amor, de vida y talento; la prueba es que hoy los abuelos de la vieja trova continúan cantando, y con éxito, y apenas la gente escucha ya a los voceros oficiales de la mal llamada canción "protesta", que sólo protestan contra los horrores de afuera, pero jamás contra los horrores cometidos en su propio país.

Mi madre, como en la canción del Benny Moré, era la Camarera de mi Amor. Con esta canción conoció y se enamoró de mi padre, en el café de a tres centavos y en el bar Victoria.

Cuando en el año 1963, el Bárbaro del Ritmo, así llamó el mundo al gran Benny Moré, murió con cuarenta y tres años, mi madre asistió a su sepelio como una amante más. Y lo era, igual a tantas mujeres y hombres, una amante del hombre más vital, más creador, y con la voz más sensacional que tuvo nuestra música, con un repertorio de una calidad insuperable.

Cuarenta años después mi madre aún lo lloraba. El Benny, o Beny --como él lo escribía-- el rey de la melodía, cantó en París y en los Oscares en el año 1958 luego de haber construido a golpe de esfuerzo una brillante carrera en México, regresó a su país, junto a su familia, y sus amigos, entre los que se hallaba Celeste Mendoza, la diosa del guaguancó, y gozó de un amor a escondidas: Rosarito Moreno, la última sex-symbol.

"Cuba tenía un rey, y era mulato, el Benny, Cuba tiene una reina en el exilio, es negra, y canta como una diosa," no cesaba de repetir mi madre allá en la calle Muralla, y se ponía a canturrear aquello de que la siguaraya es una mata que no se puede tumbar; yo tenía siete u ocho años, mientras Teté, la vecina, jabá de pasa planchá, se prendía candela por despecho, enamorada hasta la cocorotina de un pandillero del parque Habana, Los Papos, Los Mamos, y Los Muchos arañaban un guaguancó en cajones vacíos de papas y latas de querosén. Y yo crecía a ritmo de una música clandestina, sólo escuchada en la nostalgia de los bongoseros del solar, y en las voces compungidas de las madres de mi generación.

En la radio oficial oíamos a intérpretes rumanos, soviéticos, alemanes de la antigua RDA, búlgaros, húngaros, Klari Katona, Biser Kirov, Edita Pieja, una versión socialista de Edith Piaf, y entre col y col, alguna lechuguilla, como algún grupito español, algún que otro cantante gallego al que siempre le truqueaban la voz cuando invocaba al dios cristiano para solucionar un mal de amores, entre otros intérpretes catalogados de inofensivos...

Sin embargo, a la música tradicional cubana tal parecía que se la había tragado la tierra, enterrada en vida.

Ante la imposibilidad de cantar, de existir, numerosos artistas abandonaron Cuba en lo que ellos pensaban que sería un exilio temporal, en pleno furor de su carrera; otros murieron olvidados en el interior, como sucedió a Ñico Saquito, a quien sorprendí más de una vez dado a la tarea de envolver cubiertos en La Bodeguita del Medio.

A los que se exiliaron no les fue fácil empezar de cero, nunca es fácil empezar de la nada cuando se ha dedicado la vida a trabajar plenos de esperanzas y desbordantes de talento, de súbito todo eso es cortado de tajo, y te encuentras en la calle y sin llavín. La Lupe conoció un cierto éxito, póstumo más cuando Pedro Almodóvar la revivió en sus pelÃculas, y no me cansaré de repetir que gracias a él la escuché por primera vez en un cine habanero.

Las lágrimas gotearon en mi camiseta donde se podía leer "I love New York" de sólo reconocer el timbre de una voz imaginada durante tantos años y de quien murió precisamente en Nueva York. La Freddy desapareció, muy joven en Puerto Rico, también gracias a Almodóvar su único disco existe en CD, una auténtica joya. Era una mujer muy gorda y negra como un piano, de una voz muy sensual, Guillermo Cabrera Infante la inmortalizó dedicándole unas de las páginas más bellas de su obra.

Cristóbal Díaz de Ayala, musicólogo cubano residente en Puerto Rico ha salvado del olvido el tesoro de nuestra música, conserva una envidiable hemeroteca, y ha sido uno de los más activos, al promover y dar a conocer, entre generaciones jóvenes llegadas recientemente al exilio, a Guillermo Portabales, Ñico Membiela, Orlando Contreras, Olga Guillot, la Sonora Matancera, Benny Moré, La Lupe, la Freddy, la propia Celia, entre otros.

Por mi parte, la primera vez que disfruté de un disco de Celia Cruz fue en casa de unos amigos venezolanos en París, a principios de los ochenta.

Eran alrededor de las once de la noche, aquellas amables personas no podían creer que yo nunca hubiera oído la voz de la Reina de la Guaracha, el son, y la salsa.

Les conté que cuando Oscar D'León había cantado Siguaraya en La Habana el pueblo cubano se volvió como loco y lo bendecían eufóricos en las calles de La Habana Vieja cuando se atrevió a visitar La Bodeguita del Medio, pues le recordaban a Su majestad, nuestra Celia de Cuba.

En aquella madrugada parisina, el long-play rodó debajo de la aguja, y cuando la voz de caña dulzona penetró en mi cuerpo pegué un brinco al centro del salón y me descoyunté meneando el esqueleto. La voz de Celia Cruz se me metió en las venas y nunca más ha salido de mi sangre.

Al grito de "Âzúcar!" alucinó en colores, los vellos erizados de punta descubrí lo que quería decir mi mamá¡, rezongona: "Cuba nunca ha sufrido tanto, nunca, Celia Cruz se fue, y se nos fue el son".

Desde hace unos años, el fenómeno Compay Segundo cambió el panorama musical dentro de la isla, pero fuera de Cuba, la verdadera memoria del son tiene un nombre como exponente mayor: Celia Cruz. Porque mientras que los músicos, como el autor del Chan Chan, sufrieron décadas de silencio, en el exilio, los creadores jamás dejaron de cantarle a su paÃs a ritmo de son, guaracha, rumba, jazz, y con todos los ritmos habidos y por haber.

Silvio Rodríguez acaba de decir una frase muy tierna al ser entrevistado sobre la desaparición de la Reina, ha dicho que Celia y Compay estarían bailando en una nube. Probable, pero habría sido mejor, y más hermoso, y como tenÃa que haber sido, que hubieran podido compartir escenario aquí en la tierra, y en la isla que tanto amó Celia Cruz.

Celia Cruz gozó de un público mundial que la veneraba, pero varias generaciones de compatriotas han sido castigados al no poder disfrutar de uno de sus ídolos, de uno de los genios más generosos, auténticos y alegres. Porque Celia era el genio y la alegría cubana.

Hoy, al hablar por teléfono con Miriam Gómez, la esposa de Guillermo Cabrera Infante, ambas pensamos en Pedro Knight, el músico que desde hacía cuarenta años era el marido de Celia. Un amor único, ella siempre temiendo que a él le sucediera algo, acariciándolo, besándolo, piropeándolo en público. Pedro deberá encontrar consuelo en que muchos cubanos están hoy compartiendo su dolor, y que nos quedaremos a su lado. Propongo que desde ahora la ceiba, el árbol madre, el árbol mágico, la siguaraya que no se puede tumbar, se llame Ceiba Cruz, en honor a nuestra reina. A esa gran dama de la música, que amó por encima de todo su arte, pero que vivió y murió con una inmensa y noble dignidad: jamás hizo ni una sola concesión a la tiranía.

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Azúcar eterna

Por Enrique del Risco
Correo de Cuba, 7/27/2003

Hace apenas dos semanas un amigo me contó cómo alguien de un país que no recuerdo le había preguntado de dónde era Celia Cruz. Mi amigo, paciente y pedagógico, le explicaba que Celia era cubana cuando tropezó con la sonrisa burlona de su interlocutor. El otro había fraguado la pregunta como una provocación, una trampa para que mi amigo se ofendiera con una ignorancia que se le antojaba impensable. Ignorar que Celia Cruz era cubana era para él como ignorar que que el hielo es frío o el algodón es blanco.

Yo en cambio, no siempre supe siquiera quién era Celia Cruz. En la Cuba que viví un espeso silencio rodeaba su nombre. Un día tuve que confesarle a un amigo puertorriqueño que nunca la había escuchado. “¿Pero cómo va a ser posible? –me dijo alarmado- ¡La voz de la tierra!”y en el siguiente viaje atenuó mi ignorancia con una grabación de las más antiguas y selectas que pudo encontrar. Desde entonces Celia me acompañó como hacía décadas había acompañado la alegría de tanta gente en este mundo. Ahora por primera vez y en contra de su voluntad, Celia nos ha puesto tristes.

Tanta tristeza por la muerte de una persona ya anciana y enferma puede explicarse de muchas maneras: se ha muerto una de las grandes cantantes de todos los tiempos y de cualquier parte (no existe cantante que haya conseguido éxitos ininterrumpidos por todo el mundo durante medio siglo); se ha muerto el alma de una de las músicas más alegres de este mundo; se ha muerto sin que sus compatriotas de la isla tengan derecho a escucharla. Se me antoja otra explicación que no excluye las anteriores: tanta tristeza sólo se explica porque no contábamos con su muerte. Contábamos en cambio con la sorpresa de qué sería lo próximo que se le ocurriría cantar, de qué otro modo iba a embrujarnos desde su garganta.

Y hay otra cosa que hace aún más triste su muerte. Todos esos lugares comunes que se prodigan cuando se muere alguna personalidad de la cultura al contacto con una figura como Celia Cruz se vuelven insólitamente reales. Decir: “Se ha muerto una parte de Cuba, se ha muerto una parte de nuestra cultura” o “Su muerte deja un gran vacío” o “Seguirá viviendo eternamente con nosotros” pierde su manida ridiculez para adquirir una consistencia indiscutible. Celia era en efecto una parte de Cuba, parte de su mejor parte. La de la alegría generosa, la más activa y creadora. Y como dos o tres elegidos su presencia será irremplazable y sobre los hombros de todas los nuevos cantantes cubanos pesará para siempre el obstáculo insalvable de su comparación. Y sí, desde ahora uno sabe que siempre estará aquí, con nosotros y no sabremos como olvidarla si no es a costa de olvidarnos de nosotros mismos.

He dicho antes que Celia era Cuba pensando, entre otras cosas, en que ella se bastaría para darle sentido a ser cubano. Era ella, a diferencia de casi cualquier otra cosa, ese mínimo común denominador que podía servir para identificarnos como nación. Pero ahora caigo en que es una buena pero falsa ilusión. Como antes perdimos la oportunidad de disfrutarla juntos, ahora ni siquiera hemos podido llorarla al mismo tiempo. La nota brevísima que apareció en el principal periódico de su país fue aún más breve que la que recuerdo que apareció en el mismo periódico cuando Lennon murió. Que hoy se venere a Lennon en La Habana podría servir de consuelo a largo plazo, pero tal ironía nos sabe demasiado amarga. Celia Cruz muerta en el exilio sin haber podido nunca reencontrarse con su país termina resumiendo de un modo siniestro la vida cubana de las últimas décadas: Cuba ha muerto lejos de Cuba y la isla ni siquiera ha tenido la oportunidad de llorarla públicamente como antes no tuvo oportunidad de escucharla. Algo muy terrible ha pasado en un país que no le es dado reconocer lo mejor de sí. En este caso tenemos al menos algo a nuestro favor. Celia a no dudar es eterna, de modo que siempre tendremos tiempo de enmendar el crimen terrible de obligar a un país a ignorar su mejor parte.

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Celia Cruz condenada al ostracismo en Cuba

Por Luis G. Fresquet
Correo de Cuba, 17 de Julio de 2003

Todos los regímenes totalitarios, como el cubano -al “estilo comunista”-, siempre identifican su sistema represivo con la Nación.

Todos los símbolos patrios: bandera, escudo, himno nacional y el concepto de Nación se mezclan e identifican la ideología del sistema y son de uso exclusivo del Máximo Líder, quien se atribuye el derecho de excluir, eliminar, borrar y desaparecer de la historia del país a todo cubano que se oponga a su ideología y su sistema.

Para el dictador cubano, la isla de Cuba (la Nación) es su ideología, su sistema totalitario, su Revolución. Si te opones al régimen, a su sistema represivo, o a Fidel, estás atacando a Cuba; es decir, a la Nación Cubana.

Entonces porque alarmarnos, indignarnos y repudiar la nota aparecida en el diario Granma reseñando la muerte de la “guarachera de Cuba”, “la reina de la Salsa”, Celia Cruz. Eso era de esperar.

Según publica el diario castrista: “Durante las últimas cuatro décadas se mantuvo sistemáticamente activa en las campañas contra la Revolución Cubana –léase la Nación-, generadas desde Estados Unidos, por lo que fue utilizada como ícono por el enclave contrarrevolucionario del Sur de la Florida.

Celia Cruz, ganadora de tres Grammy y numerosos reconocimientos internacionales, siempre mantuvo una fuerte oposición al régimen castrista. Nunca volvió a Cuba desde su salida en 1960, un año después que Castro tomara el poder en la isla. Ella siempre afirmó que no regresaría a Cuba si tenía que solicitar un visado. Celia pidió la libertad para el pueblo cubano en todos los escenarios internacionales. Castro la condenó al ostracismo. Castro le negó su derecho a asistir a los funerales de su madre. No incluyó su nombre en el Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana publicado en la isla en 1981, aunque Celia Cruz era, y es, la artista cubana de mayor renombre internacional, considerada por muchos como el “ícono de la cubanía y de la música cubana”.

La guarachera de Cuba formaba parte del exilio cubano. El exilio no la utilizó, ella era el exilio y el ícono de la libertad. Eso nadie lo duda.

Pero me pregunto, ¿será reivindicada Celia Cruz por el tirano Castro como hizo con John Lennon? ¿Habrá un escultor con pantalones en la isla capaz de esculpir su figura y colocarla en un parque céntrico en la capital de Cuba? ¿Lo permitirá el Ministro de Cultura? ¿Por qué John Lennon puede tener una estatua en un parque habanero como homenaje póstumo a una leyenda de la música rock y a Celia Cruz, una leyenda de la Salsa y la Guaracha cubana, no se le puede ofrecer ese mismo homenaje póstumo en la isla?

Tal vez me equivoque y los “funcionarios e ideólogos de la cultura castrista” ya haya descubierto en la “reina de la Salsa” una manera de vender su imagen al turismo y conseguir “divisas” (dólares) para el régimen como ocurrió con Ernesto Lecuona, que estuvo prohibido en Cuba hasta que fue “reivindicado” (después de muerto) y su música fue declarada “patrimonio cultural” para apropiarse y cobrar el derecho de autor de la música del genial compositor cubano.

O tal vez hagan lo mismo que hicieron Virgilio Peñiera o Lezama Lima que también fueron censurados en vida o marginados –en mayor o menor grado-, y después de muertos fueron “captados para la causa revolucionaria”. Todavía hay muchos artistas, pintores, dibujantes, caricaturistas y escritores cubanos que sufren o han sufrido la marginación y pocos han “recibido el privilegio” de la “reivindicación” por parte de la tiranía.

Castro y todo su séquito no podrán borrar la voz de Celia en la historia de Cuba, ni ocultar los 20 discos de oro ganados por ella, ni los premios Grammy, ni numerosas distinciones, ni la estrella en el Boulevard Chino de Hollywood y los Doctores Honoris Causa por la Universidad de Yale, de la International University de Florida y por la Universidad de Miami.

Tampoco podrán ocultar la Medalla Nacional de las Artes de Estados Unidos que recibió de manos del ex presidente Bill Clinton.

Celia Cruz se sentía orgullosa de su cubanía. Murió con el orgullo de ser cubana. Siempre será amada y estará en los corazones de miles de millones personas en el mundo que cantarán sus canciones y recordarán su alegría y su grito de “azúcar”. Todos los cubanos, exiliados y no exiliados, están orgullosos de su Reina de la Salsa y de su cubanía, y eso, el régimen totalitario de Cuba no podrá impedirlo.

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VIVA EL RECUERDO DE CELIA CRUZ, COJONES!

By Camilo2002cl --

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Legisladores de EE UU proponen acuñar moneda conmemorativa en honor a Celia Cruz

AFP/ Washington, noviembre 2003. Un proyecto de ley para acuñar una moneda conmemorativa en honor de la recientemente fallecida cantante cubana Celia Cruz está siendo copatrocinado por 150 miembros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, informó el martes el congresista Jerry Weller, promotor de la iniciativa.

El proyecto, que necesita 290 copatrocinadores para ser considerado por la Cámara, ordenaría al Departamento del Tesoro acuñar una o varias monedas conmemorativas en honor de la Reina de la Salsa, que falleció en julio pasado en Nueva York a los 78 años de edad, a causa de un tumor cerebral.

El beneficio de la venta de las monedas sería destinado a obras de caridad favorecidas por Celia Cruz, indicó Weller, representante republicano por Illinois.

"Celia Cruz fue una campeona de la libertad y una leyenda en el mundo del entretenimiento, embajadora de la cultura latina e inspiración para millones de estadounidenses y latinos", dijo Weller

"Al hacerle un homenaje con una moneda conmemorativa, honraremos sus contribuciones a nuestra sociedad y permitiremos que sus admiradores coleccionen una parte de la historia y del legado de Celia Cruz", agregó.

La moneda sería acuñada en el 2008, en coincidencia con el quinto aniversario de su fallecimiento, y el producto de las ventas sería donado a la Fundación Celia Cruz, que aporta ayuda financiera a estudiantes de música de escasos recursos, a pacientes de cáncer e investigaciones sobre esa enfermedad.

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CELIA CRUZ: The Queen of Latin Music

Europe Jazz Network

She commands her realm with a down-to-earth dignity unmistakably vibrant in her wide smile and striking poise. The strong life force flows from her center traveling through her hands. Her assurance defines her posture. Her voice propels power. She is Celia Cruz.

The renowned Queen of Latin Music has traveled her four corners of the earth delivering her message of joy to life. Her more than 70 recorded albums are tribute to her talent, energy and perseverance.

Her fans span four generations breaking down racial, and cultural barriers. Her collaborations include an eclectic list of musicians from Tito Puente to David Byrne. While her style of Latin music vocalization has been compared to the scatting of Sarah Vaughn and Ella Fitzgerald.

The timeless magic of this extraordinary performer has won her global recognition, numerous tributes, a Yale University doctorate, the admiration of her peers, a Hollywood star, a Grammy, a statue in the famous Hollywood wax museum, movie and theater appearances, the key to numerous cities, and the key to the hearts of music lovers everywhere.

In a field so powerfully dominated by male crooners and musicians alike, Celia Cruz shines like a precious, polished diamond. Born in the humble town of Santo Suarez in Havana, Cuba, she was one of 14 children. Her mother however, knew that this was a special child telling Celia that she earned her first pair of shoes by singing to a tourist who bought them for her.

At home, Celia's chores included singing the younger children to sleep. Yet, like the pied piper, the adults would gather to listen, annoying the young songbird who would close the door on them confusing their admiration for surveillance.

Since then, those shoes have been prophetic in taking the vocalist around the globe and into the most prestigious music and concert halls. As a teenager, she began singing in school programs and community gatherings. Her aunt would periodically take her and her cousin to cabarets and nightclubs where the impressionably talented songsters got a first-hand view of the local talent. Yet, while her family supported her musical abilities, her father encouraged her to continue her studies and become a schoolteacher. However, it was one of her own professors who told her to take a chance with music because "You could earn in one day what it takes me a year to make."

Celia Cruz began entering the local radio talent shows winning fancy cakes and more opportunities to compete and sing with the popular orchestras of the time. Her big chance came in 1950 when the regular singer with Cuba's popular Sonora Matancera returned to her native Puerto Rico and the band took on an unknown and slightly rough around the edges Celia Cruz.

Singing with Cuba's La Sonora Matancera was tantamount to singing with the Duke Ellington Orchestra. The popular group was known and loved throughout the country. Consequently, the public was not used to unknowns trying their talents with the greats, and so it did not fare well for Celia at the very beginning. The public began to call the radio station complaining about the young singer. Executives in the industry also did not believe that female singers could sell albums. But the band believed in Celia. She had the feeling, the timing, and the inspiration. She had swing.

Her perseverance overcame the obstacles, and Celia eventually became permanent "featured added attraction" of La Sonora Mantacera traveling extensively throughout Latin America and Mexico with the orchestra while accompanied by a chaperone. Her golden era with the La Sonora spanned fifteen years where she and the band became known as "Cafe con Leche" (coffee with milk).

By 1960, Celia Cruz left Cuba permanently to pursue a career in the States. She became a permanent citizen by 1961 with a contract to perform in the Hollywood Palladium. It was during this time that she fell in love with the tall, dark and dashingly handsome first trumpet of the orchestra. His was the first friendly face she grew to search for. He was attentive, caring about her feeling toward the arrangements, the timing and the music. And for Celia, he was truly her knight in shining armor. Celia Cruz and Pedro Knight married in 1962. By 1965, he decided to step back from his own career to manage the wife he adored.

"Afro-Cuban music is the root of today's Salsa", Celia states. "It is steeped in cultural indentity and embraces the folklore of every town and province of the tropics. It is a source of pride, of happiness, of being alive. It is what I bring to the people."

She combined forces with Tito Puente in 1966 recording eight albums with him for Tico Records. However, the power of these two great musical legends was too much for the public to handle and record sales did not reach the music peak that these two giants inspired.

Celia Cruz signed with the Vaya label (a subsidiary label of Fania Records), eventually teamed up with Larry Harlow accomplished pianist and band leader who wrote the tune "Gracia Divina", for the Latin music operetta, "Hommy" (adapted from the Who's rock opera "Tommy"). It was 1973. Young Latinos in New York hungered for identity; for roots and for heroes. They discovered Celia Cruz.

She burst unto the Carnegie Hall stage wrapped in the flamboyant costuming that has now become her signature style. She belted out the tune, divinely gracing the public with the harbinger of her own ascendancy while driving the crowd into a united, unprecendented rolling wave of human enthusiasm. She was electrified, revitalized. She was back.

By 1974, Celia was riding a high tide of success. She hit the market hard with a concept album where she teamed with Johnny Pacheco. His love of Afro-Cuban and charanga rhythms made him an innovator in producing updated arrangements of classic tunes. The LP, Celia and Johnny went gold. "Salsa" was re-born and Celia was on her way to becoming its most shining star.

After two more record-breaking hits with Pacheco, Celia was featured with the Fania All-Stars, a star studded ensemble composed of band leaders signed with the label. She traveled on international tours with the group that covered London, England, Cannes, France and Zaire, Africa. She has travelled all of Latin America with a recent first time visit to São Paulo and Brasilia in Brazil. She has recorded some twenty gold LPs and more than 100 awards from various countries, institutions, magazines and newspapers. She appeared in a special segment of the Grammies in 1987 where she performed with her old time collaborator, Tito Puente.

Celia carved out her niche in the '80s on the strength of many other collaborations joining forces with young and elders, cutting anniversary recording with her first associates, La Sonora Matancera while appearing in movies such as "Salsa", and in 1992 in the Hollywood feature film, "The Mambo Kings". Her voice can be heard on the soundtracks of such films as "Something Wild" and "Invasion U.S.A."

Notwithstanding the music's 20 year on-again off-again romance with American publics, Celia Cruz has survived the musical droughts and intends to keep on singing until her very last note. She has managed to capture the attention of the American press who, not having a point of reference for comparison, insists on equating the inimitable Celia Cruz to jazz greats trying to similarities between the Latin "soneo" (phrasing) and the jazz scat.

Celia's style is incomparable. Rhymed/timed, rapid fire staccato bits of witty wisdom, social commentary and general observations in tune to tunes, are not easily attained by even the best of contemporary song stylists.

Celia Cruz cut her teeth on the music that has moved the world and she has in the process carved out a special niche reserved only for her. "Azucar" is her calling card and sugar is what she sprinkles over her audiences wherever she goes. She is a monumental figure in a musical form reserved once only for men.

She has seen the music grow from small, scattered areas in shops where flamingo music was sold next to Xavier Cugat records to the special sections now marked "Salsa". Despite her vast success, Celia Cruz remains a humble servant of God, wanting only simple pleasures in life. She recently confided that her ultimate wish is not a fancy car or mansion, or even her own lear jet. What Celia most wishes for is to be able to return to her native Cuba to visit her mother's grave.

"Music is the only gift I have that was given to me by God. Unless He takes it away, I will continue to share my gift with everyone. It is what gives me pleasure. It is what brings me happiness. And that is my purpose in life. In a sense, I have fulfilled my father's wish to be a teacher as, through my music I teach generations of people about my culture and the happiness that can be found in just living life. As a performer, I want people to feel their hearts sing and their spirits soar.Celia Cruz"

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Publican 'Regalo del alma', disco póstumo de Celia Cruz

EFE, 27 de julio de 2003

MADRID.- La muerte de Celia Cruz, acaecida el pasado 16 de julio, que se convirtió en una noticia de alcance mundial y sacudió el universo de la música en EEUU y en Cuba, ha acelerado la publicación del disco 'Regalo del alma', álbum póstumo de la Reina de la Salsa que saldrá al mercado el 5 de agosto.

El disco contiene diez temas, con toda la esencia cubana de esta salsera residente en New Jersey (EEUU) y todo el sentimiento caribeño de la isla a la que no pudo regresar antes de morir, grabados entre febrero y marzo de 2003 junto a los habituales colaboradores de Celia Cruz para la producción de sus álbumes Sergio George y Óscar Gómez.

El álbum que hace el número 70 en la carrera de Celia Cruz saldrá al mercado encabezado por la canción de Sergio George 'Ríe y llora' y por el 'tumbao' de 'Ella tiene fuego', un tema que Sony Music, la discográfica de la artista, considera "destinado a arrasar en las discotecas".

En 'Recuerdo del alma', señala la discográfica de Celia Cruz, está la esencia musical de las canciones que llevaron a esta cubana a un lugar tan brillante en la salsa como para que recibiera en 1994 el más alto honor en las artes de Estados Unidos del presidente Clinton (el National Edowement) al tiempo que gran cantidad de discos de platino y oro que obedecen a ventas de millones de discos en todo el mundo.

'José Caridad', 'Pena penita, pena', 'Diagnóstico', 'La niña de la trenza negra', 'Me huele a rumba', 'No estés amargao', 'Pa'la cola' y 'María la loca', son los títulos del resto de los cortes del disco.

Impregnados de felicidad

'La Reina de la Salsa', que ha ganado la ceremonia de los premios Grammy Latinos en dos ocasiones desde que se instituyeron en 2000, transmite en estas composiciones originales toda la risa y felicidad que siempre quiso dejar como recuerdo suyo.

"Cuando alguien me pregunta cómo quiero que me recuerden, siempre digo lo mismo: quiero que piensen en mí como alguien alegre", declaró cuando se sabía cerca del fin.

Aunque se sabía enferma (posiblemente en el momento de grabar el disco que ahora sale a la luz era consciente de que podía ser uno de sus últimos trabajos, ya que había sido operada el año pasado de un cáncer de mama y de un tumor cerebral), nunca pensó en el retiro.

De hecho, Celia Cruz declaró recientemente, siempre según su discográfica, que "el retiro es la muerte. La inactividad es el cáncer del alma... siempre he pensado en que me retiraré el día en que Dios apague mis facultades".

"Me encanta lo que hago", añadió también en una de sus últimas entrevistas 'La Guarachera de Cuba', convencida de estar grabando la música que ha llegado a ser una referencia en el sonido tropical que ha llegado desde Miami y Cuba al resto del mundo.

Conmoción por su muerte

'La Guarachera de Cuba' murió en su hogar de Nueva Jersey como consecuencia de un tumor cerebral acompañada de su compañero y marido, el trompetista Pedro Knight, causando reacciones de tristeza en el mundo político, empezando por el presidente de Estados Unidos, George Bush, y en el musical.

Nacida en la década de los veinte en La Habana (nunca confesó su edad exacta), la "Reina de la salsa" fue despedida en Miami y New Jersey por decenas de miles de seguidores que dispondrán ahora en las tiendas del último disco grabado por Celia Cruz.

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Celia Cruz

Reinaldo Bragado Bretaña
El Diario Las Américas, julio 22, 2003.

Con motivo del fallecimiento de nuestra Celia Cruz, el mundo -literalmente el mundo- guarda un luto respetuoso. Todos reconocen su grandeza y todos lloran lo que fue una leyenda viviente y lo seguirá siendo. Un país es, entre otras cosas, sus músicos, y Celia es de las más grandes. Es confortable constatar cómo, a pesar de que a Celia y a todos los cubanos nos despojaron de nuestro país, ante un hecho como su desaparición física la nación alza vuelo, reverdece, canta entre lágrimas junto a sus canciones y comprende que hay valores que ningún tipo de opresión puede aniquilar. Celia, con su muerte, además de legarnos su arte, nos entrega una sólida columna sobre las que descansa nuestra nacionalidad.

Su sola voz, entonando cualquiera de sus pegajosas canciones, levanta el ánimo de todo un pueblo golpeado cruelmente por la historia. Una canción suya, escuchada en la isla gracias a que un exiliado logró hacer llegar un disco suyo a algún familiar, constituye una esperanza, una clara señal de que las cosas pueden ser logradas, que los sueños no siempre son sólo sueños. Ella, vista desde la isla, es la posibilidad del paraíso en la tierra.

Frente a esto, la mezquindad de la dictadura viene a confirmar que Celia era un espíritu libre. Sólo a los seres esclavizados la dictadura rinde tributos. De ahí la bochornosa y breve nota publicada por el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, en su versión digital, que reproduzco a continuación. Les recuerdo que en Cuba la población no tienen acceso a la Internet y que la información que se envía para consumo externo está vedada a los cubanos residentes en la isla.

"A los 78 años de edad falleció, víctima de un tumor cerebral en la ciudad norteamericana de Nueva Jersey, Celia Cruz, importante intérprete cubana, que popularizó la música de nuestro país en Estados Unidos.

"Durante las últimas cuatro décadas se mantuvo sistemáticamente activa en las campañas contra la Revolución Cubana generadas desde Estados Unidos, por lo que fue utilizada como ícono por el enclave contrarrevolucionario del Sur de la Florida".

Hasta aquí la nota de Granma.

Pero hay más. Las declaraciones de dos ideólogos de la dictadura, Silvio Rodríguez y Vicente Feliú, son escandalosas. Silvio dijo que "deben estar en una nube ahí, Compay tocando y Celia cantando". Mezclar el nombre de Compay Segundo con el de Celia sólo se le ocurre a Silvio quien, como hombre despierto, sabe que eso le daría un aire liberal y lo separaría de la rígida posición de Granma. Vale recordar que Silvio organizó actos de repudio a músicos que querían abandonar Cuba durante el éxodo marítimo del Mariel de 1980. Vicente Feliú -trovador de tercera categoría, pero ideólogo del llamado movimiento de la Nueva Trova- dijo que esperaba que los encargados de promover los discos de Celia lo hicieran, declaración que busca alejarse él mismo de la censura de la dictadura, cuando todos en Cuba saben que Feliú, en el ICRT, era uno de los censores oficiales. Y que le pregunten a Pedro Luis Ferrer.

Hay fenómenos contra los que nadie puede, ni siquiera una dictadura tan férrea como la de Castro. Y uno de esos fenómenos es el arte, de ahí que la dictadura haya empleado tantos recursos en ese sector y tanto haya tratado de confundir al exilio, y digo al exilio porque en Cuba nadie está engañado y la prueba es que cada vez que tienen oportunidad se marchan del paraíso revolucionario.

El arte, como el deporte, está politizado por la dictadura. La nota de Granma y las declaraciones de Silvio y Feliú lo demuestran. Pero el tiempo, por supuesto, está a nuestro favor. Hay Celia para rato y algún día nos tocará a todos un país propio. Ese día la fiesta será fenomenal, en la Plaza Cívica, con un gigantesco concierto donde la voz de Celia guiará el espíritu de una nación hacia la alegría recuperada.

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Los Premios de Celia

En 1957 viajó por primera vez a Estados Unidos para recoger en Nueva York su primer disco de oro.

En 1987 su actuación durante el carnaval de Tenerife, al cual asistieron mas de 250.000 personas, fue registrada en el libro Guinness de los récords como la mayor congregación en una plaza para asistir a un concierto.

En 1987 fue homenajeada en Hollywood con una estrella en el Paseo de la Fama.

En 1989 obtuvo junto a Ray Barretto el Premio Grammy en la categoría de música latina tropical por 'Ritmo en el Corazón'.

En 1990 la Calle Ocho de Miami se nombró Celia Cruz Way.

En 1991 San José de Costa Rica, y la Plaza Galería de México, también le dieron su estrella.

El canal de televisión Univisión le concedió el 10 de septiembre de 1992 el Premio Encuentro 92 en el apartado de espectáculos y entretenimientos.

En 1992 fue nombrada Doctor Honoris Causa por la Universidad de Yale, Estados Unidos.

En 1993 fue distinguida con el Premio Club, otorgado por la Cadena Ser.

En 1993 su LP 'Azúcar negra' fue disco de oro en España.

En 1994 recibió de manos del Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, el más alto honor que este país concede a las artes: The National Endowement for the Arts, en la Casa Blanca.

El 25 de octubre de 1997, se declaró el día de Celia Cruz en la ciudad de San Francisco.

Enl 1997 La República de Colombia le dio la Medalla Presidencial en las Artes.

En 1997 recibe el Premio éxito de Vida de los prestigiosos Hispanic Heritage Awards.

En 1999, ASCAP también honró a Celia con uno de los premios más prestigiosos de la Sociedad, el Premio de La Herencia Latina, por su enorme contribución a la música latina y su tremendo triunfo al intruducir su maravillosa música a millones de oyentes a través del mundo.

En1999 la Universidad de Miami otorga a Celia un doctorado Honoris Causa.

En el 2000 la prestigiosa revista Billboard (considerada “La Biblia” de la industria) le rindió un tributo especial por sus 50 años de carrera.

En el 2000 es elegida como reina del Festival de Viña del Mar donde recibiò la "Gaviota de Plata".

En el 2001 fue nominada nuevamente a otro Grammy Latino.

Ingresó en el Paseo de la Fama del Jackie Gleason Theater of The Performing Arts de Miami Beach.

El 18 de septiembre del 2002 recibe el Grammy Latino al Mejor Album de Salsa por 'La Negra Tiene Tumbao', en el Teatro Kodak de Hollywood.

El 1 de noviembre del 2002, recibió un homenaje de artistas mexicanos en el Auditorio Nacional del D.F., en el que participaron los cantantes Marco Antonio Muñiz, Manuel Mijares, Pedro Fernández, Daniela Roma, Alex Syntek y el grupo Kabah, entre otros.

En el 2003 obtuvo el premios Lo Nuestro de Música Latina, organizado por la cadena Univisión.

Es premiada en Panamá con la Medalla Nacional de Honor de la Orden de Vasco Nuñez de Balboa.

La noche del 13 de marzo del 2003 fue realizado un homenaje en Miami, por sus más de 50 años de carrera artística.

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Un corrido de amor para una diosa negra

ELISEO ALBERTO
Especial para El Nuevo Herald

La vida es un carnaval. ''Los muertos que uno ama no se mueren'', me dijo en sueños un amigo muerto. Ayer fue un día raro en la Ciudad de México. Muy raro. Con vibra. Acá le llaman vibra a ese nosequé que de pronto nos posee de adentro hacia fuera, debilitándonos y al mismo tiempo fortaleciéndonos. Luz y progreso. Corría la brisa de escalofrío en escalofrío. Al doblar una esquina, por ejemplo, una ráfaga tibia te palmeaba la cara, en gesto de cariño; el aire decía: ``Ya pasó, mi niño. Tranquilo, corazón, candela al jarro''.

Una nube se estacionó en el cielo, al despuntar la mañana. Una nube carnosa. Luego, avanzado el día, se partió en dos: una mitad tenía forma de caimán, como la isla de Cuba; la otra, recordaba un péndulo: la península de la Florida. Se fundieron al atardecer, y entonces el nuevo cúmulo parecía una peluca que Dios hubiera colgado del gancho de la luna. Una peluca anaranjada, celicruzana. La noche se podía tocar con la mano.

Una habanera que sabe de estos asuntos me explicó el misterio con un argumento que nos puso a los dos la piel de gallina: los santos difuntos estaban de pie. Desatados. Sueltos. Tenía razón. Celia Cruz nunca había cantado tanto como este primer jueves de su eternidad. Era el acabose. Su voz invadía la calle. La acompañaban en la serenata (no me pregunten cómo) Beny Moré, Daniel Santos, Compay Segundo, Bola de Nieve, Barbarito Diez, Pedro Infante, José Antonio Méndez, Elena Bourke, Dámaso Pérez Prado, José Alfredo Jiménez, Rita Montaner, Carlos Gardel, Cantinflas, Pedro Vargas, Chano Pozo. Candela. Hasta María Félix, ronca pero decidida, decía Pachito Eché con cierta gracia.

En los mercados populares, las vendedoras de piñatas tarareaban sones viejos, a coro con los gordos de los puestos de frutas, que hacían malabares con jícamas y toronjas. Yerberito, el yerberito llegó. El chamán de las raíces curativas bailaba (fuera de ritmo) con la señora de los cachivaches, a la entrada de la tiendita de antigüedades donde un viejo tocadiscos milagrosamente hacía sonar un acetato de la Fania All Stars. Todos los radios de contrabando, todas las grabadoras chuecas, todos los timbres de los teléfonos celulares, voceaban la misma guarachita. Los taxis recorrían las avenidas en zigzag, de aquí pa'llá. Que le den candela. Lejos de lo que podía temerse, la comparsa de los coches no complicó el movimiento de la ciudad. Los agentes de la policía, siempre tan malencarados, organizaban el tráfico con un sospechoso tumbaíto de cadera, en verdad impropio de la autoridad que representan: químbara quimbara.

Para los mexicanos, la muerte no es más que una forma distinta de estar vivos. Por eso Celia rumbeaba en los vagones del metro, en los restaurantes japoneses (los comensales marcaban la clave con los palitos), en las cantinas de tequilas adulterados y en las fondas de mala muerte (donde jamás se habían vendido tantas tortas cubanas o arroz a la habanera, un platillo intragable). La negra con tumbao rumbeaba y rumbeaba sin dar ni pedir tregua, en franco desafío a las leyes de la lógica y a los mandamientos de la física.

México se negaba a despedirse de la cubana más querida entre tantos cubanos que aquí adoran. Los amigos de Celia fueron invitados a los noticieros estelares y no hubo uno solo que no sonriera al evocar su majestuosa sencillez, su calibre de oro puro, sus graciosas pelucas, sus puntadas. Esa mulata era tremenda. La reina de las reinas. La mejor. Santa mujer. Los hombres declararon en público y sin recato cuánto la amaron desde la primera vez que la escucharon cantar, híjole, ni modo, ándele, y las mujeres le lanzaron al noble Pedro Knight un alud de besos, papacito, para así abrigarlo en su viudo desconsuelo. En los partes del tiempo se dijo que una onda triste enlutaba la ciudad, por lo cual se esperaban diluvios de lágrimas en Veracruz y Yucatán.

Este viernes me levanté a las cinco en punto para escribir esta descarga. Mi homenaje. Colé café. De repente, desde alguna parte, oí bajito la voz de Celia. Cuando salí de Cuba... Me consoló pensar que alguna pareja desvelada estaría haciendo el amor a esa hora. ''El mañanero'', le dicen aquí a esos duelos madrugadores. Cuerpo a cuerpo. El inesperado canto de un gallo me vino a recordar que la patria se lleva adentro o no se merece. En el Distrito Federal, sin embargo, no cantan gallos. Pero yo lo escuché, se los juro, mezclado el cantío al rumor de un mar tan lejano como imposible. La voz de Celia se fue apagando entre los murmullos. Debe ser que Dios le dio un abrazo. Alabao.

Sé que con Celia Cruz enterraremos de nuevo, allá en el Bronx de los boricuas, a miles y miles de cubanos. Cubanos como mi padre, que jamás salieron de la patria antes de 1959, ni siquiera de vacaciones, hasta que la debacle se impuso y no quedó otro remedio. Mi padre amaba a esa Isla que recorrió de punta a punta tocando sus maracas con el Conjunto Casino. En el Nueva York de los años sesenta, mi padre emprendió en voz alta un recorrido pictórico de la Isla, y otro anecdótico de la era republicana. Y así, cuento sobre cuento, me colmó de nostalgia. Entre historias y canciones, mi padre me inculcó un amor por Cuba que vino a reforzar lo ya aprendido en mi infancia. En los años ochenta se lo inculcó a mi hija, su única nieta. "Mueve los hombros, mi china, que tú eres cubana de La Habana". Fue ella, precisamente, la portadora triste el pasado miércoles: "Mami, te tengo una mala noticia, pero no llores: acaba de morir Celia Cruz". Mi hija gringa cubanoamericana, nacida en North Bergen, New Jersey, criada entre anglos y judíos a base de matzas y platanitos fritos, hoy anda por este Miami con todos los periódicos a cuestas, y las fotos de Celia, y los CDs. Ese es el bendito misterio del exilio: Celia es tan mía, a los 55, como de ella, a los 23.

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Una nueva casa para la reina de la salsa

El Comercio, Miami, 29 de febrero de 2004

La extinta reina del guaguancó, Celia Cruz, sigue latente en el
corazón de los amantes de la buena salsa y los ritmos que solo ella
supo crear. En honor a ella y a todos aquellos que la recordamos,
Omer Pardillo, apoderado de la fallecida cantante, ha decidido
instalar un museo permanente en la ciudad de Miami, donde se
mostrarán los mejores momentos de la vida de Celia.

El empresario, quien actualmente es la mano derecha de Pedro Knight,
el viudo de la cantante, tiene pensado inaugurarlo dentro de dos
años. A fin de mes comenzará la búsqueda de un lugar apropiado que
guarde los mejores recuerdos de la intérprete cubana.

Aparte del museo, Pardillo tiene en mente otros proyectos en memoria
de la intérprete de "El yerberito", que murió de cáncer el pasado 16
de julio. Ha pensado publicar su biografía, que tendrá el sencillo
título de "Celia Cruz, mi vida", la cual fue redactada por la
periodista cubanomexicana Ana Cristina Reimundo. El libro estará a
disposición del público al cumplirse el primer aniversario de su
muerte.

El ex representante de la artista afirma que la obra ya está casi
lista y que solo necesita unos pequeños retoques. Mostrará varias
facetas de la extinta cantante, entre ellas, su opinión sobre la
política, tema que siempre evitó comentar en público. La destacada
poetisa estadounidense Maya Angelou será la encargada de crear el
prólogo, donde expresará todos los honores que la cubana merece.

La película de Hollywood sobre la intérprete cubana, producida por
Cristina Saralegui y Whoopi Goldberg, ha quedado en 'stand by' por
el momento. La actriz de color será la encargada de caracterizar a
Celia en su etapa adulta. Sin embargo, en las últimas semanas, la
noticia que ha corrido en boca de todos se refiere a una obra de
teatro que se hará en España y que es protagonizada por la cantante
cubana Lucrecia, a quien muchos consideran como la 'sucesora' de
la 'reina de la salsa'. Para Pardillo, la elección no pudo ser
mejor, pero en todo momento evita compararla con la inolvidable
Celia.

El empresario también tiene a su cargo la fundación Celia Cruz,
encargada de recaudar fondos para las familias y jóvenes con bajos
recursos de la ciudad de Nueva York y también para las actividades
básicas de Pedro Knight, que aún conserva la fuerza espiritual que
parece enviarle su fallecida esposa desde el más allá y que lo ayuda
a superar los difíciles momentos que a veces atraviesa a causa de la
diabetes.

'Cabecita de algodón', como lo llamaba Celia, vive actualmente en
Los Ángeles, donde el empresario cubano Luis Falcón, amigo de la
famila, lo ha recibido con el mayor de los gustos. Sin embargo,
Knight tiene pensado mudarse a Miami.

Las radios aún no han olvidado el sabor de la reina del guaguancó y
siempre tienen sus canciones en el dial. Últimamente, los temas que
más se escuchan en Estados Unidos son "La vida es un carnaval"
y "Algunas perlas", que llenan de alegría (y nostalgia) a don Pedro

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Tri,

Gracias por el saludo y el abrazo Cubano.

Esta canción popular de los años 50 te viene como anillo al dedo con tu sombrero de guano.

"Quiero un sombrero
de guano, una bandera,
quiero una guayabera,
y un son para bailar"

Saludos Cubanos,

Victor

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